“Tres anuncios por un crimen” — Comentario de CINE

El poder de las palabras en un pueblo corroído por los prejuicios, la inercia y la indiferencia. Una madre desesperada decide poner tres carteles denunciando la inoperancia de la policía ante la violación y muerte de su hija. Esta actitud desata una violencia inusitada, que podría haber hecho de la película una del montón. En cambio, es una obra magistral.

Por JOBLAR
Miembro del Círculo de Críticos de Arte de Chile

El londinense de padres irlandeses, Martin McDonagh, es un premiado dramaturgo crecido bajo el influjo de Samuel Beckett, que ya ha entregado obras interesantes como Escondidos en Brujas (In Bruges, 2008), que contó nada menos que con el guión de Harold Pinter.

Con el mismo tono de comedia negra, esta película describe cómo Tres anuncios por un crimen constituyen un detonante que remece a un pueblo que vive en el sopor de sus prejuicios, inercia e indiferencia.

Mildred Hayes (Frances McDormand) no se resigna a que el asesinato y violación de su hija quede impune y paga para instalar tres mensajes en tres letreros abandonados en un camino secundario de su pueblo, Ebbing, en el estado de Missouri. Éstos van dirigidos al sheriff Bill Willoughby (apellido bien conocido por las víctimas de la Junta Militar chilena), que interpreta el “asesino por naturaleza” Woody Harrelson.

El bien armado y desarrollado relato no merece que un “spoiler” lo arruine contando más de lo necesario. Me baste con decir que esta acción obliga a reabrir el caso y pone en evidencia lo mejor y lo peor de la comunidad; además de la total crisis de valores de Estados Unidos.

La antigua máxima “pueblo chico, infierno grande” se aplica más que nunca. Todos se conocen y, por lo tanto, también conocen los problemas del resto. Sin duda, el símbolo de las miserias del pueblucho es el oficial Dixon, interpretado magistralmente por Sam Rockwell: siempre a medio filo, violento dentro de sus frustraciones, dominado por su madre debido a un padre ausente. Desde el comienzo, veremos su actitud prepotente y desadaptada, que pone en riesgo a los habitantes de este infiernillo.

La culpa que se transparenta en un flashback, el marido que se fue con una jovencita (que, es obvio, reemplaza a la hija ausente), la mala reacción de los vecinos por los carteles.

La atmósfera de comedia negra podría hacer pensar en una película de Joel Coen, marido de la McDormand, pero el ambiente enrarecido es más afín al Twin Peaks de David Lynch (1990-91), sobre todo por la profundización del carácter de los personajes y la inquietante sensación de que algo anda mal y de que todos son sospechosos.

No falta el elemento divergente, como es el actor Jordan Prentice que —con su metro y 24 cms—, ya había aparecido en Escondidos en Brujas.

Pero quiero también recordar una película de Fraser C. Heston, basada en una novela de Stephen King, que se estrenó sólo en video: La tienda de los deseos malignos (Needful Things, 1993). En ella, Max Von Sydow interpreta a Leland Gaunt, un individuo que resulta ser el mismísimo Satanás que abre una tienda en la que se puede encontrar todo lo que uno quiere. Pero el precio es hacer daño a una persona, lo que genera una relación insostenible.

Aquí el detonante del efecto repetidor son los carteles, que resultan más agresivos que un arma de fuego. ¡Excelente película!

(“Three Billboards Outside Ebbing”, Missouri. USA / Gran Bretaña, 2017)

TRAILER DEL FILM:
“Tres anuncios por un crimen”

PRODUCCIÓN:
7 Art Séptimo Arte

 

 

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