POST NICANOR PARRA, QUE ESTÁS EN EL CIELO…

Siempre me preguntaba —lo hice por escrito—, por qué los españoles no le daban el Premio Cervantes a un renovador de la lengua. Condenado a escribir en español, un admirador de Shakespeare, como Nicanor Parra, no era poco decir.

Por Rolando Gabrielli

Desde Ciudad de Panamá 

Olvidado por las Cortes de Indias, a los 97 años, un jurado integrado por el Director de la Academia de la Lengua, la Premio Cervantes Ana María Matute, y seis personalidades del mundo académico, la literatura, de reconocido prestigio, decidieron reconocer al antipoeta con el mayor lauro de las letras hispanoamericanas después de más de tres décadas de permanecer en la fría antesala de una larga espera.

Este breve poema en dos actos habla de un Parra ausente, decidió enviar a sus nietos y parientes, al solemne acto de la Real Academia.

Cervantes pregunta por Parra y por el Rey, en un primer acto, en un diálogo con Sancho. Seguidamente, Roberto Bolaño saluda a su admirado Nicanor y le pregunta también por qué no vino.

El texto sigue su curso, Parra toma la palabra y define la poesía como un elefante blanco, los discursos son meras palabras y el trasfondo irónico que le de la mano de su parte al Manco de Lepanto.

Hay mucho más en ese texto. Ahora, sin compartir el pago de Chile ni el chaqueteo nacional, pienso que la poesía chilena tiene dos candidatos interesantes para el Cervantes: Óscar Hahn, un renovador de la lengua, un clásico chileno-español y Raúl Zurita, por escribir entre el mar y la cordillera y arroparse con la arena del desierto de Atacama.

 

¿HA LLEGADO CARTA O PARRA?

 Fotografía de la casa de Nicanor Parra en Las Cruces: Juan Antonio Gabrielli

I ACTO

Cervantes:
¿Ha llegado Parra?
—No.
¿Ha llegado el Rey?
—No.
Cosas veredes, Sancho.

II acto

Roberto Bolaño:
—Hola, Nicanor.
Nicanor:
—Hola, Roberto
Roberto:
—¿Por qué no vino?
Parra:
¿No iba a estar el Rey?
No digas nada,
la poesía es un elefante blanco,
invisible, como tú y yo.
Seguiremos conversando,
más allá del Mediterráneo,
más acá de Las Cruces.
Después de todo,
los discursos son
meras palabras,
una despedida
y todavía no me voy.
Dale de mi parte,
la mano al Manco de Cervantes
y por este honor que le hace,
a quienes seguimos luchando
contra estos molinos de viento
y mierda.

Rolando Gabrielli