Un descenso irrefrenable hacia la demencia y la autodestrucción, con una Jennifer Lawrence espectacular y una puesta en escena agobiante. ¡Muy buena!
Por José Blanco Jiménez
(JOBLAR)
Círculo de Críticos de Arte de Chile

Es el título original de la novela, pero el título en inglés sugiere que podría ser también “¡Muérete, mi amor!”, que es suficientemente ambiguo como toda la película.
Mis lectoras y lectores frecuentes saben que soy un fanático incondicional de Jennifer Lawrence desde que la vi en El lado bueno de las cosas (Silver Linings Playbook, de David O. Russell, 2012) y ya se había hecho famosa como la Katniss Everdeen de Los juegos del hambre (The Hunger Games, de Francis Lawrence, 2012).
En el momento del Premio Oscar redescubrí su actuación en Lazos de sangre (Winter’s Bone, de Debra Granik, 2010) cuando tenía los 20 años.

En esta película —basada en un libro, que es un largo y angustiante monólogo de la argentina Ariana Harwicz—, una Jennifer excepcional interpreta a Grace, una escritora que enfrenta una crisis postparto que la precipita literalmente en un infierno autodestructivo e ineluctable. De poco sirve el apoyo de Jackson (Robert Pattinson), un músico que debe ausentarse por su trabajo.
Parece idílico contraer nupcias e irse a vivir a una casa aislada en un bosque. Y, de hecho, el primer encuentro de sexo desenfrenado se produce con la pareja desnuda sobre el suelo acariciándose frenéticamente. Pero, poco a poco, comienza un distanciamiento por diversas razones: la soledad, en vez de inspirar, cohíbe; el nacimiento del primer hijo es más una carga que una compañía; la convivencia con un tío demenciado (Nick Nolte) y su esposa premurosa pero poco proactiva (Sissy Spacek) no es suficiente para enrielarla.
Sin entrar en spoilers, la cámara (en relación de aspecto 1.31:1, lo que acentúa la importancia de los primeros planos y el desecho de la ambientación) empieza a describir la realidad de la mente de Grace, que complica sus recuerdos con su existencia actual.

Y l@s espectador@s sufren al ver el mundo siniestro en el que vive y se aterran al verla con un cuchillo en la mano. O al participar en sus actos instintivos como cuando agrede sexualmente a su marido o infla un preservativo que encuentra en la guantera del auto provocando un accidente.
Cada vez más todo se transforma en símbolo: el caballo negro, por ejemplo, me recordó el célebre cuadro Pesadilla del suizo Johann Heinrich Füssli (1781) y su atmósfera de misterio.
Pero lo que me parece más evidente es que esta película constituye una revancha de la actriz contra su otra Grace, víctima inocente, abusada y destruida por tod@s en Mother! (de Darren Aronofsky, 2019). Allí representaba a la Madre Tierra; aquí es una fuerza rebelde y autodestructiva.

Probablemente es la mejor película estrenada este año.
TRÁILER DEL FILM:
“MÁTATE, AMOR”
Die My Love
Gran Bretaña
Canadá
USA
Año: 2025
JOBLAR EN
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