Rodada en Puerto Williams, la película de José Luis Torres Leiva es una nueva búsqueda en medio de la madre naturaleza en la que trata de trascender la efímera existencia humana. ¡Buena!
Por José Blanco Jiménez
(JOBLAR)
Círculo de Críticos de Arte

Lo que más me impresionó cuando vi, en 2008, El cielo, la tierra, y la lluvia fue la capacidad de José Luis Torres Leiva para comunicar tantos mensajes sin palabras, en un relato que se estructuraba como un bosque que crece y vive por la sola fuerza de la naturaleza.
En 2016, con motivo de su El viento sabe que vuelvo a casa, escribí: “Torres trabajó por tres semanas en un lugar que parece estar fuera del tiempo, lo que se ve enfatizado por los planos secuencia y los largos silencios… Tal vez sea la confirmación de la creencia mítica de que el mundo no fue creado ni tendrá término, que es parte de la cosmovisión de los indoamericanos que se vieron obligados a habitar en una realidad geopolítica llamada Chile”.

En cambio, Vendrá la muerte y tendrá tus ojos, de 2019, es la espera del fin próximo de una enferma terminal junto a su pareja lesbiana: todo ocurre en una casita ubicada en un bosque, simbolizando a la naturaleza que espera el retorno de sus criaturas cargadas de memorias y sentimientos adquiridos a través de los años.
El director se traslada ahora hasta la ciudad más austral del mundo, Puerto Williams, que está ubicada en la Isla Navarino, a 54º56’ latitud Sur, a 320 km de Punta Arenas. Y desde la primera toma, la protagonista, María Alché, se ve encapsulada en una pequeña porción de la relación de aspecto. Es una actriz que llega desde Argentina en barco para actuar en una película, pero una llamada a su celular le avisa que, debido al mal tiempo, los demás integrantes del equipo llegarán una semana más tarde. Esto significa que deberá esperar, sin conocer allí a nadie.

Una profesora va a buscarla al puerto y le informa acerca de la geografía humana de la isla. La población se divide en tres grupos: la flotante, que son los miembros de la Armada; la de los que escogieron vivir allí; y los yaganes, que viven aislados del resto.
Y María tiene una confirmación de esto último cuando conversa en el Centro Médico con una joven mamá yagana que lacta a su hijo. La muchacha parece una Venus de Willendorf con sus senos enormes y un pezón desmesurado: constituye, en realidad, una fuerza de la naturaleza.
Pero lo más importante es que el padre del niño no podrá verlo por el momento, porque no puede entrar en territorio yagán.
En medio de la soledad, María siente como se agudiza su dolor de espalda y transcurre noches insomnes abrumada por sus recuerdos. Las habitantes del lugar son afables y entabla relaciones fugaces con algunas de ellas. Y lo digo en femenino porque la presencia masculina (con excepción de un profesor que vive allí con su esposa y los niños de la escuela), es casi inexistente: la dueña de la tienda, una médica que alivia sus dolores, una niña que practica el violín durante la noche.

Hay sí un varón que me parece determinante: se trata de un entomólogo, que estudia la breve vida de insectos efímeros. Creo ver todo un símbolo, porque así es nuestra vida humana; sólo que tratamos de trascender teniendo hijos o tratando de alcanzar un objetivo que justifique nuestra presencia.
El homenaje al Caminante sobre un mar de nubes, de Caspar Friedrich, se reconoce y se agradece.
TRÁILER DEL FILM:
“CUANDO LAS NUBES ESCONDEN LA SOMBRA”
Cuando las nubes esconden la sombra
Chile
Año: 2024
JOBLAR EN
“RADIO UNIVERSIDAD DE CHILE”
Escuche los comentarios cinematográficos de JOBLAR en el programa “Escaparate”, que se transmite en “Radio Universidad de Chile” (102.5 FM) los días sábado a las 15:00 horas, y domingo a las 21.00 horas. Y, además online, en
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