Comedia francesa de corte policial, realizada con una socarrona sonrisa europea, que invita a entretenerse y a valorar la autenticidad personal por contraste. ¿O es más importante que una pintura sea auténtica por su valor comercial?…
Por José Blanco Jiménez
(JOBLAR)
Círculo de Críticos de Arte de Chile
Es un hecho “público y notorio” que hubo obras de arte que fueron substraídas en Europa, durante la Segunda Guerra Mundial, y que, de vez en cuando, vuelven a la luz pública.
Incluso, lo puso en evidencia la película Operación Monumento (Monuments Men, de George Clooney, con un reparto espectacular, 2014).
El “cuadro robado” corresponde a Los girasoles, de Egon Schiele, que en realidad fue “expoliado” a una riquísima familia judía que huyó a Estados Unidos.

No está de más recordar por qué el comercio de las obras de arte estaba en manos de judíos. Fueron ellos los que, a partir de fines del siglo XVIII, no teniendo restricciones al respecto, se dedicaron a ese comercio porque era propiedad de bancos y los coleccionistas burgueses veían en el coleccionismo una forma de trepar socialmente.
No se trataba, por lo tanto, de una preocupación estética, sino de una lucrativa actividad comercial.
Cuando a André Masson (Alex Lutz) le informan que es posible que exista un original de Egon Schiele en la pequeña ciudad de Mulhouse, se dirige allí con su ex esposa Bertine (Louise Chevillot), experta en arte, para certificar su autenticidad. Al confirmarla, pareciera ser que se va a repetir el antiguo cuento del tesoro, que castigará a tod@s por su codicia. ¡Pero no!
Martin, el joven que lo encontró (Arcadi Radeff) es un obrero que realiza turnos de noche para juntar dinero para curar a su madre de una desgastante enfermedad: tiene miedo de ser millonario y, más aún, cuando ve a sus dos mejores amigos interesados en hacerse de mucho dinero fácil.

La familia exige lo que históricamente le pertenece. La obra fue entregada, debido a su carácter de “decadente” (tiene gran influencia de Van Gogh), por los nazis a los colaboracionistas que habían sido propietarios de la casa.
Masson, que tiene una pésima relación con Aurore, una pasante a su cargo (Léa Drucker), termina siendo ayudado por ésta para evitar el fraude tramado por un comerciante de arte (Peter Bonke).
A fin de cuentas, el público entra en el juego y convive con un mundo de apariencias que existe desde siempre y que ejerce el principio neoliberal de que el derecho de propiedad es más importante que el derecho a la vida.
En esta película de Pascal Bonitzer, como en thrillers del tipo El halcón maltés (The Maltese Falcon, de John Huston, 1941), se lucha por un objeto que tiene un valor relativo y no intrínseco.
La misma existencia de los protagonistas aparece construida en la mentira. Aurore, por ejemplo, es una constante contradicción (con el padre, con su biografía, con la relación laboral).
El director, que fue crítico de “Le Cahiers de Cinéma”, no muestra mayor interés por el tema de la belleza o del valor del arte, sino por su reducción a un objeto elitista de consumo.

¿Y me permiten respirar por la herida? ¿Qué pasa con el cine francés que se empeña en mostrar que una mujer que fracasa en su matrimonio debe realizarse en una relación lésbica? ¿O es que ya no se termina corriendo sin aliento, recibiendo los 400 golpes o disparando sobre el pianista?
TRÁILER DEL FILM:
“El cuadro robado”
Le Tableau Volé
Francia
Año: 2024
JOBLAR EN
“RADIO UNIVERSIDAD DE CHILE”
Escuche los comentarios cinematográficos de JOBLAR en el programa “Escaparate”, que se transmite en “Radio Universidad de Chile” (102.5 FM) los días sábado a las 15:00 horas, y domingo a las 21.00 horas. Y, además online, en
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