“SI VAS PARA CHILE” — JOBLAR COMENTA ESTRENOS DE CINE

La antigua canción tiene que ver muy poco con la situación actual. El “amigo” forastero ahora, por utilidad política, es un enemigo peligroso. El documental, con gran sentido del equilibrio, es un llamado a la reflexión…

 Por José Blanco Jiménez

Círculo de Críticos de Arte de Chile

La principal diferencia entre un documental que se proyecta en el cine y el que se ve en la televisión, está en su perecibilidad. Substituidas las imágenes por la publicidad u otro espectáculo, la vida sigue igual. Todo se bypasea y aquí no ha pasado nada.

Ver en pantalla grande como se quema un coche de guagua, junto con carpas y pertenencias de familias extranjeras, durante una manifestación en Iquique, no es tan fácil de olvidar como cuando se apaga un receptor de pantalla chica.

Es lo que pensó también Amílcar Infante, nacido en Venezuela, y criado en Chile. Detrás de esos objetos en llamas, había personas que también veían arder sus esperanzas y proyectos de inserción.

Con Sebastián González Méndez, registraron más de 60 horas de material fílmico en tres años. Y ambos confiesan que empezaron a encontrar la película en el proceso de montaje.

Son palabras de los realizadores: “Queríamos generar espacios de encuentro, de diálogo. No es una propaganda ni un panfleto, es una experiencia que te deja pensando y que te invita a mirar este fenómeno desde otro lugar”.

El fenómeno de la migración existe desde que el hombre dejó las cavernas. Primero fue nómada, cazador y recolector, trasladándose de un lugar a otro cuando los recursos se agotaban.

La Biblia, que tanta importancia tiene para el mundo occidental, narra la historia de un “Pueblo Escogido” que recibió la orden de dirigirse a una “Tierra Prometida” y —si era necesario—, matar a los pueblos que la habitaban.

Por otro lado, proclamó dos mandamientos: amar a un sólo Dios y al prójimo como a sí mismo. ¿Y quién es el prójimo? Sea bien claro: es el miembro del propio pueblo, porque los que constituyen un pueblo nómada no deben combatir entre ellos.

Es por eso que el sacerdote y el levita pasaron de largo cuando vieron al hombre moribundo agredido por los ladrones. Quien lo ayudó fue un samaritano y con ese relato Jesús impuso una norma que es válida para los cristianos.

Por eso es que un buen cristiano tiene el deber de ayudar incluso a sus enemigos: los otros están excusados por su propia religión. Gaza es un buen ejemplo.

Si la mayoría de los chilenos son cristianos, ¿por qué se manifiesta esta xenofobia irracional? Mi respuesta es que se trata de una imposición de tipo político: el neoliberalismo determinó que el derecho humano más importante no es la vida, sino el derecho de propiedad. ¡Y ay de aquéllos que quieren quitarme lo que es mío, especialmente si lo obtuve delinquiendo!

Todo ello, coronado por el axioma que “solidaridad” significa “comunismo”.

Todo lo señalado no lo dice la película; lo digo yo. Una persona que se va de su país llevándose su dinero, no emigra, sino que huye. El que deja su “patria” porque no puede vivir en ella, como tuvieron que hacerlo tant@s chilen@s, emigrar con la esperanza de rehacer su vida y de salvar a su familia.

La canción de Chito Faró “Si vas para Chile” afirma que “verás cómo quieren en Chile al amigo cuando es forastero”. Y entonces “¿por qué el forastero ya no es un amigo?”. La respuesta es simple: porque ya no se le ve como amigo, sino como enemigo. ¿Y por qué se le ve como enemigo? Porque la casta política envenena a la gente haciéndolo pasar como el que viene a delinquir, el que viene a quitarle el trabajo a los “legítim@s habitantes” del país.

Y la verdad es que todos los días entran delincuentes al país, pero llegan en avión y forrados de billetes mal habidos. Explotan a sus propios compatriotas, extorsionan como usureros y prestan servicios de sicariato. Los que desafían el desierto de Atacama (que es el más árido del mundo) y el Altiplano Andino sólo quieren vivir en paz.

El trabajo de Amílcar y Sebastián lo deja en claro. Por eso también es agradable ver que no todo es sombrío y nefasto. Hay organizaciones civiles que se han formado para ayudar a los migrantes de manera directa.

Es verdad que la película se concentra en los venezolanos, puesto que es la realidad que mejor conocen. Más que un tema político es un tema humano. Se habla de la necesidad de dar de comer a 2.000 personas: ¡Qué ganas de poder, como Jesucristo, multiplicar los panes y los peces!

Los realizadores incluyen el recorrido desde Colchane hasta Iquique y Alto Hospicio. A lo largo del mismo se aprecia la tensión que existe y cómo ésta se expande por el país a partir de las aldeas y, sobre todo, por acción de los camioneros.

Y ya que estoy hablando de cine, me viene a la memoria una película que me impresionó cuando era niño: El que debe morir (Celui qui doit Mourir, de Jules Dassin, 1957).

A un pueblo de una isla griega, ocupada por los turcos, llegan los sobrevivientes de otro pueblo destruido también por los turcos. Su guía es un pope que, de inmediato, entra en conflicto con el pope del lugar. Los recién llegados, famélicos y desfallecidos, representan un peligro para los que han logrado convivir con los invasores. Y todo ocurre cuando se prepara la Semana Santa con una tradicional representación sacra.

Allí se puede ver hasta dónde llega el egoísmo humano. Ante los hechos irreversibles, el campesino tartamudo que habrá de interpretar al Cristo exclamará: “Si Jesús volviera, lo volverían a crucificar”.

¡Véanla si se atreven!

Y una apostilla. En un momento de Si vas para Chile, una señora cuenta que amparó en su casa a un matrimonio con un hijo (o hija), que les robaron y se fueron. Creo que ella actuó de buena fe. Sintió la vocación de ayudar y no pedir nada a cambio: ni siquiera una mala respuesta. 

TRÁILER DEL FILM:
“Si vas para Chile”

 Si vas para Chile
Chile
Año: 2025

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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