“EL HELADERO” — JOBLAR COMENTA ESTRENOS DE CINE

Un director acostumbrado a la truculencia remece la platea con un personaje perturbador y  un argumento espeluznante. Una película gore en su máxima expresión…

Por José Blanco Jiménez
(JOBLAR)

Círculo de Críticos de Arte de Chile

 

En el ya lejano 1968, vi la película Chitty Chitty Bang Bang (de Ken Hughes, con Dick Van Dyke y Sally Ann Howes), en la que me atemorizó el personaje del Robachicos (Child Catcher), que engatusaba a los niños con helados para capturarlos. No fue el mismo miedo que me provocó la bruja de Blanca Nieves cuando era pequeño, sino otro muy diferente: el de la indefensión de los niños ante uno que les ofrece dulces.

El tópico está presente en antiguos cuentos como Hansel y Gretel, pero también en el cine reciente, como El vendedor de helados (Ice Cream Man, de Paul Norman, 1995), en el que el asesino confecciona los dulces con restos humanos.

La temática le viene como anillo al dedo a Eli Roth, un director claramente retorcido con producciones como Hostel (2006; Part II, 2007), en la que los huéspedes terminan en manos de sádicos pervertidos, o Caníbales (The Green Inferno, 2013), remake no oficial de ese Cannibal Holocaust (de Ruggero Deodato, 1980), que llevó al director a la justicia para demostrar que los actores estaban vivos y no habían muerto como en un snuff film.

Otra película (pésima para mi gusto), es Knock Knock: Seducción fatal (2015), en la que dos muchachas (Lorenza Izzo, esposa de Roth, y la ahora rutilante Ana de Armas), seducen y torturan a Keanu Reeves.

En Bayleen Bay, todo transcurre apaciblemente y los niños juegan felices hasta que reaparece un  vendedor de helados que, con sus campanillas, produce el efecto de El Flautista de Hamelin, pero con un agravante: los coloreados y brillantes barquillos transforman en zombies asesinos a l@s que los consumen. De este modo, los “angelitos” se transforman en “ángeles de la muerte”.

Es posible que un cineasta como Roth (amigo de Quentin Tarantino), quiera necesariamente expresar una alegoría. La analepsis es inquietante: un heladero fue condenado falsamente por pedofilia e hizo un pacto con el diablo para volver a vengarse. La figura sonriente del vendedor asemeja a un aviso publicitario viviente, que invita al consumo y a la perdición.  La figura de los sacerdotes pedófilos se transparenta como semilla del odio de los precoces victimarios.

.Por su actitud desafiante e impertérrita, me recuerda El pueblo de los malditos (Village of the Damned, de Wolf Rilla, 1960), y el remake de John Carpenter (1995), como asimismo la secuela El germen de las bestias (Children of the Damned, de Anton Leader, 1964).

Esta película fue rechazada en el Festival Internacional de Cine de Horror de la Ciudad de México, pero no por su contenido, sino por declaraciones de Eli Roth, que —en su calidad de judío y sionista—, estuvo de acuerdo con la masacre de niños palestinos en Gaza. ¡No se puede negar que el tipo, por lo menos, es consecuente!
 

TRÁILER DEL FILM:
“El Heladero”
 

 Ice Cream Man
USA
Año: 2026

 

 

 

 

 

 

 

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