“LA MÁQUINA” — JOBLAR COMENTA ESTRENOS DE CINE

Dwayne Johnson “La Roca”, se transforma en productor e interpreta al luchador Mark Kerr, pionero de la actividad en los años ‘90. Punto y basta…

Por José Blanco Jiménez
(JOBLAR)

Círculo de Críticos de Arte de Chile

 

Dejo en claro que no me agrada el box ni menos la lucha libre, porque son resabios del salvajismo ancestral de ese “homo sapiens” aparecido sobre la faz de la Tierra hace 315.000 años como una especie de primate catarrino.

La Torah judía lo propone como el que “reina” sobre lo creado por Dios, pero el mismo texto bíblico describe un Diluvio contra la maldad. El resto del Pentateuco es una serie de genocidios y violencia desmedida.

Los “juegos” romanos eran exhibiciones sangrientas que han sido mostrados como diversión de matinée en películas como Quo Vadis? (de Mervyn Le Roy, 1951), Espartaco (Spartacus, de Stanley Kubrick, 1960), Barrabás (Barabbas, de Richard Fleischer, 1961) o Gladiador (Gladiator, de Ridley Scott, 2000).

El box tiene un capítulo aparte y —además de la serie Rocky (de Sylvester Stallone, a partir de 1976 o de El estigma del arroyo (Somebody Up There Likes Me, de Robert Wise, 1956, con Paul Newman)—, hay películas excelentes como La caída de un ídolo (The Harder They Fall , de Mark Robson, 1956, con Humphrey Bogart y Rod Steiger). 

Las artes marciales, sobre todo en estas últimas décadas, han acumulado miles de horas de filmación.

Dawyne Johnson era un luchador profesional (conocido aún como “la Roca”) y tuvo su oportunidad en el cine con La momia regresa (The Mummy Returns, de Stephen Sommers, 2001). Desde entonces, con sus 1,93 m y 118 kg, ha protagonizado unas 40 películas y ha sido “rápido y furioso”, jugador de Jumanji, “baywatch”, héroe de terremoto y de rascacielos, además de comediante al estilo de Schwartznegger.

Con un padre de ascendencia neoescocesa negra y una madre de origen samoano (cuyo padre también era luchador), se incorporó así al panteón de deportistas y físicoculturistas que pasaron al cine.

Fue el caso del nadador húngaro Johnny Weissmüller (“Tarzán” en 12 películas entre 1923 y 1948; “Jim de la selva” en otras 13 entre 1948 y 1954, además de 26 episodios de una serie de TV entre 1955 y 1954), además de Lex Barker (“Tarzán” en 5 películas entre 1949 y 1953) y Gordon Scott (Gordon Merrill Werschkul, “Tarzán” en 6 películas entre 1955 y 1960).

Por su parte, el género “péplum” italiano dio espacio a diferentes Hércules, Maciste, Ursus y Goliath puestos en vitrina por Steve Reeves (Mr. Universe 1950), Reg Park (Roy Park, Mr. Universe 1951, 1958 y 1965), Kirk Morris (Adriano Bellini), Gordon Mitchell (Charles Allen Pendleton), Mark Forest (Lorenzo Luis Degni), Ed Fury (Edmund Holovchik) o Alan Steel (Sergio Ciani).

El grupo de los que estaban escondidos en el clóset disfrutaban, mientras que equilibraban la situación con adecuados escotes y falditas cortas monumentos femeninos como Sylva Koscina, Anita Ekberg o Belinda Lee.

La máquina (en realidad “la máquina aplastante”) es Mark Kerr, que actualmente tiene 56 años y que fue pionero de un tipo de lucha salvaje en la que al boxeo se unen “técnicas mixtas”.

La película trata de humanizarlo mezclando el aparente compañerismo con sus contrincantes (al estilo del televisivo “Titanes del ring”, repleto de “tongos” y que recomendaba a los niños no practicar comno juego lo que veía) a la drogadicción de someter al otro y a los narcóticos para aplacar sus dolores físicos y morales. A ello se agregan las peleas con Dawn, su pareja, que une el amor aparentemente sincero a la obsesión de dominar y controlar a “su hombre”.

Para mi gusto, un “tongo” total con lágrimas falsas y efímeros sueños de gloria.

Si mi opinión parece demasiado categórica, invito a ver El luchador (The Wrestler, de Darren Aronovsky, 2008) con Mickey Rourke y generosa ostentación de senos desnudos de la entonces cuarentona Marisa Tomei. Ése sí era un hombre destruido por dentro y por fuera, que “sólo en el ring nadie podía dañarlo”.

Aquí “The Rock”, que ha tratado de ser siempre “el jovencito” figurín indestructible e incombustible, no convence para nada y queda claro que no es actor.

Por su parte, Emily Blunt (41 años) es una hermosa mujer inexpresiva que confirma su calidad de gomero como ya lo fue junto a Matt Damon en Los agentes del destino (The Adjustment Bureau de George Nolfi, 2011) o a Tom Cruise en Al filo del mañana (Edge of Tomorrow, de Doug Liman, 2014).

Además, ella y Dawyne ya estuvieron juntos en la disneyana Jungle Cruise (de Jaume Collet-Serra, 2021, con una segunda parte que ya viene) y la falta de química se nota. Tal vez la Blunt es demasiado fiel a su marido, pero ni siquiera en los altercados verbales hay sintonía.

¿Cuál es la falla del luchador que pretende ser actor? Es una masa de músculos sin alma, que —a lo más—, proyecta una imagen de individuo peligroso y temible, porque se ve como un sujeto con poco discernimiento. La misma escena con la niñita al comienzo resulta forzada. Siempre se nota que toda su actuación está marcada por el director y que no vive su personaje.

También Bud Spencer (el campeón olímpico de natación Carlo Pedersoli) era un hombre de aspecto bestial con su 1,92 m de estatura y sus 125 kg de peso. Sin embargo, transmitía una imagen empática de hombre bonachón y protector.

Pero el mundo de Hollywood todo lo puede. Al punto que no me extrañaría que —en vista de todo el dinero invertido—, “The Rock” gane el Premio Oscar al Mejor Actor.

 TRÁILER DEL FILM:
“La Máquina”
 

 The Smashing Machine
USA
Año: 2025

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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