Para los que gustan del homónimo videogame, pero también para los que quieran dejarse llevar a un mundo que exige participación segundo a segundo, como si tuvieran un control en la mano para maniobrar tiempo y espacio…
Por José Blanco Jiménez
(JOBLAR)
Círculo de Críticos de Arte de Chile

Entiendo poco de videogames y mis intentos de jugarlos han sido inútiles. Como mucho, soy amigo del flipper y creo que con eso digo todo.
Vi Silent Hill, cuando se estrenó en 2006, y la verdad es que me aburrió. La película, adaptada del juego de KONAMI y dirigida por el francés Christophe Gans, proponía a una madre joven que buscaba a su hija sonámbula en una ciudad maldita.

Y ésta existe verdaderamente: se trata del pueblo de Centralia, Pennsylvania, que conserva un subterráneo de minas de carbón. Para mi gusto, la historia de terror se fue empantanando con exceso de personajes y, al final, me quedó sólo la sensación de haber entendido bien poco.
Veinte años más tarde, me doy cuenta que no estaba preparado para enfrentar un relato de ese tipo así como, en 1968, Yellow Submarine, de George Dunning, me mareó con sus colores psicodélicos y, en 1963, comprendí que no tenía experiencia suficiente como para seguir el extraordinario 8½ de Federico Fellini, que ya he visto más de diez veces.

Hubo una segunda parte de Silent Hill (Revelation 3D, de M. J. Bassett), que pasó sin pena ni gloria en 2012, porque le faltó lo que Gans asegura que está presente en esta tercera parte: una modernización del cine de terror, que “hoy es más perturbador, más psicológico, juega con distintos niveles de percepción. Eso es muy emocionante para todos nosotros”.
Es así como coloca como protagonista a un cierto James Sunderland (Jeremy Irvine), que guía su automóvil a toda velocidad por un camino panorámico provincial con riesgo de su vida y la de los demás.
En un cuasi accidente mortal, conoce a Mary (Hannah Emily Anderson, que interpreta a tres personajes más), se gustan y consuman su amor en Silent Hill.

Un salto en el tiempo. James es un alcoholizado y recibe una carta misteriosa en la que Mary (presuntamente muerta), le pide volver a Silent Hill en busca del amor perdido. Lo que encontrará es un mundo fragmentado en distintas dimensiones: la ciudad neblinosa y cinérea, el limbo y un infierno metal oxidado, todos poblados por criaturas terroríficas (incluidos Pyramid Head y Armless).
Carol Spier se ocupa de desarrollar, ya sea en vertical (el hospital, el departamento de los dos enamorados, las grutas de los ritos satánicos); ya sea en horizontal (el reticulado urbano laberíntico, el lago, el cementerio). el escenario en que el atormentado protagonista se verá obligado a enfrentar su culpa, su trauma y su propia cordura.

Y el montaje de Sébastien Prangère crea una secuencia mecánica de analepsis y prolexis, que equilibra un pasado de desmemoria y un presente de dolorosa remoción.
Algun@s espectador@s se sentirían más segur@s con un control en la mano.
TRÁILER DEL FILM:
“Terror en Silent Hill: Regreso al Infierno”
Return to Silent Hill
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Año: 2026
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