“¡LA NOVIA!” — JOBLAR COMENTA ESTRENOS DE CINE

Mixto de remake y de comedia policial, consigue entretener y dejar varios mensajes subliminales de feminismo exacerbado. ¡Buena!…

 Por José Blanco Jiménez
(JOBLAR)

Círculo de Críticos de Arte de Chile

 

¿Borrón y cuenta nueva?

Frankenstein es más conocido por su versión cinematográfica que por el texto literario de Mary Shelley, cuyos apellidos de soltera eran Mary Wollstonecraft Godwin.

Quienes lo hemos leído, tenemos claro que no se trata de una historia de terror, sino de reflexión filosófica. El Dr. Víctor Frankestein quiere ser un nuevo Prometeo y consigue dar vida a una “criatura”, que también es conocida como “el monstruo”.

La novela es de 1818 y tiene su propia historia (ver Gothic, de Ken Russell, 1986). Peggy Webling, en 1927, la adaptó a pieza teatral con el nombre de Frankenstein: An Adventure in the Macabre y —finalmente—, con la producción de Carl Laemmle Jr. y la dirección de James Whale apareció la primera película: Frankenstein.

Los guionistas se basaron en la obra de teatro y dejaron de lado las ideas principales de Mary: la alteridad, la falta de identidad, la búsqueda del creador, la soledad, el rechazo por el aspecto.

Si en la novela estas carencias de contacto con la sociedad generan comprensión e, incluso, cariño, en la película se eluden desde el momento que la criatura (o el “monstruo”, que no tiene nombre), no habla y no se sabe lo que piensa. Además, se agrega el agravante que se le instala el cerebro de un loco, por culpa del “curco Igor”, transformándolo en una máquina de matar.

En el libro, la criatura exige una compañera para atenuar su soledad y Frankenstein accede, pero luego se arrepiente aumentando el rencor del engendro, que decide vengarse.

En la película  Bride of Frankenstein, de 1935, es la mismísima Mary Shelley que propone la confección de la compañera, pero el experimento fracasa, porque ésta se asusta al ver a su “novio”.

Ambos papeles están protagonizados por Elsa Lanchester, así como —en esta nueva versión—, será Jessie Buckley la que tiene el doble rol con resultados extraordinarios.

Ya hubo un nuevo intento de tocar el tema de “la novia” y fue la película La prometida (The Bride, de Frank Roddman, 1985), en la que Sting era Frankenstein y Jennifer Beals “la Novia”; Clancy Brown la criatura y David Rappaport el enano Rinaldo, un personaje fundamental en la trama, que educa al “monstruo” y genera un “buddy movie”. Se trata de una película romántica con tintes de apólogo con una intención moral.

En ¡La novia!, es Mary Shelley que desde el Más Allá provoca, en Chicago de 1936, la reanimación de Ida, una mujer asesinada por mafiosos.

La directora y guionista Maggie Gyllenhaal, hermana de Jake, ejercita su ideología feminista hasta las últimas consecuencias y recurre al método que usó el Dr. Baxter en Pobres criaturas (Poor Things, de Yorgos Lanthimos, 2023), para reanimar a la Bella de Emma Stone.

Quien la solicita es la Criatura (otra soberbia caracterización de Christian Bale), que se hace llamar Frank por su creador y que vaga desde hace más de un siglo en busca de un complemento femenino, cifrando sus esperanzas en Euphronious, que resulta ser una doctora (Annette Bening), que hace posible el milagro.  

Ida ha perdido la memoria de sí, pero mantiene su temperamento fogoso y su odio por los hombres, que la han maltratado.

Frank, por su parte, ama el musical y quiere además una partner para la danza, recorriendo todos los sets de las películas del actor-bailarín que más admira (Jake Gyllenhaal).

Es así como ella toma el liderazgo y precipita la película a una aventura a lo Bonnie and Clyde (de Arthur Penn, 1967), que me entretuvo porque la consideré una parodia.

Ida, que contrasta al capomafia Lupino (el homenaje a la anticonvencional actriz y directora Ida Lupino es, también, evidente), es realmente la protagonista con puntos exclamativos.

Si se piensa bien, ella no ha sido resucitada para volver a vivir, sino para ser la compañera de Frank.

Dejemos aparte su aspecto de adefesio, porque su carácter es afable e ingenuo. La objeción está en el tema de la convivencia obligada y la pertenencia conyugal.

Ida fue asesinada por atreverse a decir lo que l@s demás callaban por miedo: tiene derecho a vivir y escribir su propia historia.

Mary Godwin lo hizo, pero fue obligada a usar el apellido de su marido. Lo admiraba y lo amaba, pero no tuvo derecho a la fama: ahora como personaje toma su revancha y es una sombra obscura que se encarna en el personaje creado por Maggie.

Un complemento secundario son dos detectives (Peter Saarsgard y Penélope Cruz), que también tienen problemas de roles de género. La puesta en escena es convincente con una calle plena de letreros luminosos, que me recordó la antigua calle Huérfanos, de Santiago de Chile.

Ni remake ni reboot: sólo personajes en busca de una autora taumatúrgica. 

TRÁILER DEL FILM:
“¡La Novia!”
 

 ¡The Bride!
USA
Año: 2026

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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