Paolo Sorrentino exalta Napoli en la figura de una mujer joven, que se desenvuelve en el contradictorio ambiente de una ciudad en la que —como en las películas de Federico Fellini—, todo es posible…
Por José Blanco Jiménez
(JOBLAR)
Círculo de Críticos de Arte de Chile

Paolo Sorrentino se dio a conocer en Chile con La grande bellezza, que ganó el Oscar a la Mejor Película Extranjera del 2014. Se trataba (y se trata), de una eficaz actualización de La dolce vita, de Federico Fellini (1960), que remeció a la crítica por su crudeza y marcado decadentismo.
Parthenope, en cambio, viene a ser un nuevo Amarcord (1974), pero no romagnolo. Éste se distinguía por personajes sanguíneos, repletos de esa necesidad de vivir que no tenían Los inútiles (I vitelloni, 1953) del mismo Fellini.

No es la Romagna de los años ‘30, sino la Napoli de siempre, con sus fuertes e irremediables contradicciones: la riqueza y la pobreza, la nobleza del pobre; y la pobreza del noble; el delincuente que se esconde en todo ser humano, el sabio capaz de generar monstruos…
Pero también está su atmósfera mitológica, con la mítica sirena que fundó la ciudad por amor antes que los griegos la llamaran Neapolis (“ciudad nueva”), a fines del siglo VIII a.C.

“Partenopea” se conserva como adjetivo en la gastronomía e, históricamente, la República Partenopea existió entre el 21 de enero y el 13 de junio de 1799, durante la Revolución Francesa.
La protagonista de esta película es una bella joven (la actriz Celeste Dalla Porta, nacida en Milano el 24 de diciembre de 1997), aunque no de medidas corpóreas que compitan con la diosa Juno, como las de la romana Sofia Scicolone, más conocida como Sophia Loren, que aparece caricaturizada en forma de diva-objeto en una fiesta empingorotada.

Celeste es un tipo normal, pero que tiene el atractivo de la juventud. Es esa misma juventud que Sorrentino ha disectado en Youth (2015), como un bien inalcanzable, que pasa dentro de la piscina junto a los dos viejos protagonistas en la forma del cuerpo desnudo de Madalina Diana Ghenea, interpretando a la mismísima Miss Universo.
Para mí, Parthenope es como la Alatiel de la Novella 7 de la Jornada II del Decameron, de Giovanni Boccaccio: una joven que lleva la muerte consigo, puesto que —en cuatro años—, nueve hombres la poseen y cada uno muere por mano del siguiente que ocupa su puesto.
Ella atrae a los hombres sin quererlo y ninguno conoce su lengua, porque fue la única sobreviviente de un naufragio.

Parthenope, por su parte, seduce a todos los hombres que encuentra, empezando por su hermano.
Atrae como las sirenas con su canto a quien se le ponga por delante: un escritor homosexual, un docente universitario, un prelado católico a cargo del milagro de San Gennaro y un boss de la camorra.
Y Napoli está siempre allí, dividida en dos: los que tienen y los que no tienen. Participa en fiestas y rituales grotescos como la primera desfloración ante toda la familia. No se avergüenza nunca y, casi en un extenso plano secuencia, pasa de una playa exclusiva a un arrabal escasamente iluminado donde los niños semidesnudos están hacinados sobre un colchón.
Y las apariciones “fellinianas” son constantes, como el hijo de “agua y sal” del profesor, que —según mi opinión—, alude a la secuencia final de La dolce vita.
Pero aquí todo concluye con una Parthenope madura e integrada. La interpreta nada más y nada menos que Stefania Sandrelli, un verdadero ícono de la sensualidad femenina a partir de Divorzio all’italiana (de Pietro Germi, 1961).
¡Muy buena!
TRÁILER DEL FILM:
Parthenope – Los Amores de Nápoles”
“Parthenope”
Italia
Año: 2024
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