La sexta película de una franquicia que comenzó hace un cuarto de siglo y que se sostiene gracias a sus impactantes efectos especiales. La muerte es una hipóstasis que configura un destino que no se puede evitar: tratar de escapar es imposible. ¡Excelentes efectos especiales!…
Por José Blanco Jiménez
(JOBLAR)
Círculo de Críticos de Arte de Chile

Cuando se estrenó en 2000, Destino final dio inicio a una franquicia que —hasta este momento—, ha mantenido con éxito una trama fija: un pequeño grupo de personas escapa de una muerte inminente gracias a la premonición repentina de una persona visionaria, pero después mueren uno a uno en extraños accidentes.
Como en la antigua tragedia griega, el destino no se puede evitar: la muerte es una hipóstasis (substancia subyacente que personifica a algo abstracto), que puede evitarse por mucho tiempo, pero no todo el tiempo.

En la primera película, el desastre ocurre en un avión; en la segunda (2003), en una carretera; en la tercera (2006), en una montaña rusa; en la cuarta (2009), en un autódromo; y en la quinta (2011), sobre un puente que se derrumba.
En esta sexta película, se empieza con un desastre al estilo de Infierno en la torre (The Towering Inferno, de John Guillermin e Irwin Allen, 1974), pero con efectos especiales impactantes y un trabajo de cámara extraordinario.

Los hechos transcurren el año 1969, cuando se produce un incendio en una pista de baile ubicada a 149 metros de altura, en la denominada Tower Skyview. El desastre es mostrado en todos sus detalles y empieza por un suceso ínfimo, que lleva a pensar nuevamente que la existencia está sujeta a un tal equilibrio que basta una circunstancia inesperada para ponerle fin.
Este prólogo rebosante de adrenalina se desvanece como la pesadilla recurrente de Stefani, una estudiante universitaria (la canadiense Kaitlyn Santa Juana, de origen filipino y checoeslovaco, nacida el 19 de abril de 1997), que viene a saber que ésta fue una premonición de su abuela Iris.

Ella logró salvar su vida junto a la de muchas personas que actuaron a tiempo.
Stefani vuelve a casa de sus familiares, porque quiere saber qué está sucediendo y se entera que Iris vive separada del mundo desde hace años y la afecta una paranoia incurable, puesto que está convencida que la muerte busca y elimina a los sobrevivientes.
Es el tema de los Diez negritos (Ten Little Niggers, de Agatha Christie, 1939), que se transformaron después en “diez indiecitos” y en canciones infantiles (en Chile existen los “diez perritos”). Sólo que en ese caso no se sabe el orden etario de las muertes y en Destino Final se sigue una estricta secuencia cronológica.
¿Y por qué tienen que morir l@s hij@s y l@s niet@s? Porque como sus progenitores deberían haber muerto, ell@s no deberían haber nacido.

¡Una lógica de juez de la Inquisición Católica Apostólica Romana!
Dos datos para cinéfilos: la idea de la franquicia surgió de Vuelo 180, un capítulo rechazado para la 5ª temporada de Los Archivos Secretos X (The X-Files: Fly 180, 1994); y, en esta película, el recientemente desaparecido Tony Todd aparece por última vez como William John Bludworth.
TRÁILER DEL FILM:
“Destino Final: Lazos de Sangre”
“Final Destination – Bloodlines”
USA
Año: 2025
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