La polémica se desató en el magno escenario de la Quinta Vergara desde los primeros minutos. Tras la despampanante aparición del transformista, se produjo una particular expectación en el público asistente. Asskha Sumatrha llegó dispuesta a conquistar a ese impaciente “monstruo” desde un comienzo. Y lo consiguió, sin duda, con una improvisada y provocativa rutina de grueso calibre…
Por Poncio PELOTAS

SANTIAGO (Chile), 26 de Febrero de 2026.- El transformista Asskha Sumatrha irrumpió en la Quinta Vergara dispuesto a jugarse el todo por el todo. Tenía muy claro que estaba caminando al filo de la navaja y su misión inmediata era desafiar al “monstruo” de Viña, jugando a ganador, sin perder de vista que podría ser descalificado por esas ansiosas 15 mil personas que abarrotaban las aposentadurías de la Quinta Vergara.
El personaje, Asskha Sumathra, venía precedido de una prolífica experiencia como transformista y comediante en escenarios populares, habituados a vítores, rechiflas, aplausos y carcajadas; un público dócil, acrítico, dispuesto a pasarlo bien y a carcajearse con las insolentes rutinas del gracioso humorista transformado en una rutilante figura femenina, coqueta, risueña. insinuante y muy deslenguada.

Con este singular personaje, provocador mediante su muy femenina vestimenta y su apolínea presencia y actitud.
Asskha participó sin grandes expectativas en el programa humorístico de Mega, “Coliseo”, a mediados del año pasado, destinado precisamente a buscar un talento específico para ser presentado en el Festival de Viña del Mar 2026.
Hasta la propia Asskha Sumathra se sorprendió cuando su nombre, finalmente, fue aclamado como vencedor. Ni ella misma, tal vez, lo había imaginado. Sus rutinas, hasta ese momento, no eran tan subidas de tono, aunque siempre avanzaba en el filo de la navaja. Este detalle y su peculiar desplante femenino sedujo al jurado de “Coliseo”.

Ahora, en el escenario de la Quinta Vergara, utilizó la misma estrategia seductora, pero sin duda, aumentada y corregida, más subida de tono que lo ya conocido anteriormente.
Asumió este nuevo y gran desafío —sin duda, decisivo—, con un acentuado desplante femenino y más deslenguada aún que de costumbre.
Jugó con el libreto original proyectado por el guionista León Murillo, pero ante la creciente expectativa del “monstruo”, comenzó a improvisar, a involucrar a personajes presentes en el público, como ocurrió con el cantante italiano Matteo Bocelli. Y lo hizo a su estilo, provocadoramente, logrando que el italiano se sonrojara notoriamente. A estas alturas, el público deliraba.

La estrategia le estaba funcionando al transformista, que parecía fingir haber perdido el hilo del guión. Agudizó sus improvisaciones y continuó jugando con figuras presentes, entre aplausos y prolongadas carcajadas del público presente en la Quinta Vergara.
Asskha Sumatrha había conquistado al temible “monstruo” y, tal vez, sin advertirlo, se lo había echado al bolsillo. Ello le motivó a elevar su lenguaje provocador, ante el jolgorio del “monstruo”.
Fue el momento en que se produjo la alarma entre los conductores, Karen Doggenweiler y Rafael Araneda, así como entre el director, productores, guionistas y asistentes, en general.

Mientras el público deliraba, el promedio de 2,2 millones de televidentes pasaba de las carcajadas al asombro ante la hemorragia de vocablos soeces espetados por Asskha, con incontenible seducción.
No está claro aún de quién salió la orden. Pero lo que sí parecía claro, era que se debía dar por terminada la actuación de Asskha.
Se sorprendió ante la abrupta irrupción de Karen y Rafa, quienes con palabras amables pero consistentes, le entregaron la Gaviota de Plata, primero; y enseguida, la Gaviota de Oro, ante la eufórica complicidad del “monstruo”. Acto seguido, invitaron —forzaron— al transformista a abandonar el escenario.
La obstinación del “monstruo” no se hizo esperar. Reaccionó airadamente, porque sin duda esperaban el “bis” concedido a todo artista después de recibir las preciadas Gaviotas. Pero esta vez, no hubo “bis”.

Las rechiflas del “monstruo” duraron, al menos, unos 45 minutos. O tal vez más. Karen Doggenweiler y Fernando Godoy presentaron luego la sección del Concurso Internacional e, incluso, continuó la pifiadera durante la actuación del grupo argentino “Ke Personaje”.

La ácida polémica se desató esa misma noche; continuó al día siguiente; y, sin duda, continuará por mucho tiempo más. Tal vez, a través de los años se continúe comentando la osadía de este peculiar y deslenguado transformista, quien con la complicidad del “monstruo” logró triunfar en el impredecible escenario de la Quinta Vergara de Viña del Mar.


