“BOHEMIAN RHAPSODY” — Comentario de CINE

Una gran película de extraordinaria producción. Muy cuidada en sus detalles, reconstruye la vida de Freddie Mercury, sobre todo en el momento de sus grandes éxitos…

 Por JOBLAR

Miembro del Círculo de Críticos de Arte de Chile

Drogadicto, homosexual que murió de SIDA por sus tendencias sodomitas. Freddie Mercury no pareciera ser un ejemplo para la juventud. O tal vez sí para la sociedad postmoderna en la que los valores tradicionales hicieron crisis y en la que nada vale más que el momento presente.

Así como Machiavelli separó la política de la moral, también las formas artísticas parecen estar separadas de las connotaciones que definen las buenas y las malas costumbres. Y no se trata de un hecho reciente, puesto que están los ejemplos de la  mísera vida de alcohólico y drogadicto del gran Edgar Allan Poe, de los poetas malditos franceses y de Oscar Wilde, reverenciado a pesar de sus inclinaciones sexuales. Todo esto, sólo para permanecer en el ámbito del siglo XIX.

Farrokh Bulsara pertenecía a la etnia parsi y su familia, de religión mazdeíta (o zoroastriana), provenía del grupo religioso que tuvo que dejar Persia en el siglo VIII, por la llegada del Islam, y trasladarse en el Gujarat (India). Su padre, por motivos de trabajo, tuvo que trasladarse a la isla de Zanzíbar y allí, el 5 de septiembre de 1946, nació el pianista y cantante que se haría famoso con el nombre de Freddie Mercury. Se trata, por lo tanto, de un típico representante del ya decadente Imperio Británico.

La película sobrevuela estos detalles y va directo al tema: los inicios y el auge de un personaje divergente y exitoso, que es acogido por una banda menor en crisis y de la cual se transforma en el líder y el “front man”.

Una producción impecable, con un montaje ágil y soluciones fotográficas increíbles (como cuando la cámara pasa por debajo del piano para enfocar nuevamente al conjunto).

El reparto es afortunado y creo que la elección de Rami Said Malek resulta extraordinaria, a partir de su estatura (1.75 m; Freddie medía 1.77) y la prótesis que evidencia sus míticos incisivos. Ya mencioné a este actor en Papillon (ver comentario en www.candilejas.cl) y no está de más recordar que es de origen egipcio y que su familia pertenece a la Iglesia Copta Ortodoxa. Se ha hecho notar también en Oldboy (de Spike Lee, 2013), como Benjamin en  La saga Crepúsculo: Amanecer – Parte 2 (The Twilight Saga: Breaking Dawn – Part 2, de Bill Condon, 2012) y —sobre todo, como Ahmenrah, de la franquicia de Una noche en el museo (Night at the Museum, de Shawn Levi, 2006, 2009, 2014). Para mi entender, como Mercury está al máximo de sus capacidades.

El primer biopic de música popular que vi en mi vida fue La historia, de Eddie Cantor (The Eddie Cantor Story, de Alfred E. Green, 1953). No tenía idea de quién era ni lo supe hasta 25 años más tarde, cuando tuve que comparar su trayectoria con la de Woody Allen. Recuerdo sólo sus ojos muy grandes, que era un niño pobre que vivía con su abuela y que ésta murió de un ataque al corazón antes de una de sus presentaciones a tablero vuelto. Cuando se exhibía, cantando una alegre canción, miraba la butaca vacía en el medio de la sala repleta y, después, su abuela sentada en ella entre poquísimo público. Muy triste, como para arrancar lágrimas al público de todas las edades.

Y justamente Música y lágrimas fue el título en Chile de The Glenn Miller Story, de Anthony Mann, con James Stewart y la eternamente juvenil June Allyson. Poco después vinieron La historia de Benny Goodman (The Benny Goodman Story, de Valentine Davies, 1956), con Steve Allen y Donna Reed, Los tambores hablan (The Gene Krupa Story , de Dom Weis, 1959), sobe el baterista con Sal Mineo, y Las cinco monedas (The Five Pennies, de Melville Shavelson, 1959), acerca de la vida de Red Nichols, con David Daniel Kaminski (Danny Kaye) y el mismísimo Louis Armstrong, que se interpretaba a sí mismo.

No es una casualidad que los músicos protagonistas —con excepción de este último— hayan sido de la misma raza: es conocido quiénes son los principales productores cinematográficos de Hollywood. Pero luego el espectro se amplió notablemente: Forest Whitaker fue Charlie Parker en Bird (Clint Eastwood, 1988), Dennis Quaid fue Jerry Lee Lewis en Grandes bolas de fuego (Great Balls of Fire!, de Jim McBride, 1989). En Johnny & June: Pasión y locura (Walk the Line, de James Mangold, 2005), Joaquin Phoenix interpretó a Johnny Cash; en Ray (de Taylor Hackford, 2004) Jamie Foxx a Ray Charles. Ha habido también caracterizaciones como la de Daniel Massey, que fue un excelente Noel Coward en Star! (1968), de Robert Wise, vida de Gertrude Lawrence con Julie Andrews y —naturalmente— Marion Cotillard, que fue una extraordinaria y creíble Edith Piaf en La vie en rose (La Mome) de Olivier Dahan, 2007.

“Bohemian Rhapsody” culmina con el apoteósico concierto Live Aid en Wembley, en 1985. No me cabe duda que, aquí en Chile, los espectadores se unirán al público delirante, sobre todo cantando We Are The Champions y consagrando a un gran artista.

Si puede, véalo en IMAX y tendrá la sensación de estar en el estadio mismo.

(Bohemian Rhapsody”. Gran Bretaña/USA, 2018)

TRAILER DEL FILM:
Bohemian Rhapsody”

PRODUCCIÓN:
20th Century Fox LA

 

 

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