Película centrada en el histrionismo de Russell Crowe que, con su voluminosa figura, llena la pantalla con suspenso y humor negro. El argumento es tan disparatado que entretiene tanto por lo disparatado como por su desarrollo…
Por José Blanco Jiménez
(JOBLAR)
Círculo de Críticos de Arte de Chile 
Manko Kapac (el nombre ya es todo un programa), es un emigrante albanés que posee un club nocturno en Los Ángeles y que —a sus más de 60 años—, ha decidido retirarse. Un poderoso llamado de atención ha sido un infarto por haber hecho el amor con su pareja (la cuarentona australiana, Teresa Palmer).
Está también sobrepasado de peso (en la vida real, para interpretar a Hermann Göering, en Nuremberg, de James Vanderbilt, 2025, llegó a los 126 kilos), pero su problema mayor es que todos los conflictos delincuenciales caen sobre su cabeza.
Voy por partes. El negocio sirve para lavar dinero y es siempre riesgoso cuando se trata de los cárteles de la droga, sobre todo cuando dos figuras enmascaradas —homenaje a Punto de Quiebra (Point Break, de Kathryn Bigelow, 1991)—, asaltan a Manco para robarle la recaudación.
Esto le trae la enemistad del peligroso boss narcotraficante Rodríguez (Danny Zovatto), que cree que el albanés le está robando.

Pero, en realidad, el robo ha sido perpetrado por Jeff (Aaron Paul), un timorato profesor que está siendo amenazado por Slosser, un policía corrupto (Josh McConville).
Además, Jeff empieza a ser inducido al crimen por Carrie (Nina Dobrev), que sueña con vivir la existencia de Bonnie and Clyde (de Arthur Penn, 1967).
La guinda de la torta resulta ser Joe Carver, un hombre misterioso (Luke Evans), que está interesado en comprar el club. Y ese ambiente a lo Carlito’s Way (de Brian de Palma, 1993), se tiñe de la paralela relación tóxica Jeff / Carrie a lo Romance salvaje (True Romance, de Tony Scott con guión de Quentin Tarantino).
Y la influencia de este último está presente en todo momento, con referencias a Perros de la calle (Reservoir Dogs, 1992) y Kill Bill (2003).
En cuanto al desarrollo de la trama, me recuerda esas películas basadas en libros de John Grishman, como Fachada (The Firm, de Sidney Pollack, 1993), en los que los acontecimientos envuelven al protagonista de tal manera, que parece que no hubiera salida posible.
Basada en la novela Strip de Thomas Perry, los productores cambiaron el nombre original Bear Country (Tierra de osos), por The Get Out (La salida). El primero me parece más adecuado, puesto que alude al cartel de un parque natural, que indica que el turista debe desplazarse con precaución porque hay plantígrados en libertad.

Y la pura y santa verdad es que Russell Crowe se mueve como un elefante en una cristalería, pasando de tranquilo empresario a cariñoso amante, de astuto negociador a tirador improvisado.
¡Buena entretención que, creo, no debe tomarse muy en serio!
TRÁILER DEL FILM:
“EL ÚLTIMO GRAN GOLPE”
Bear Country
The Get Out
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