“LILO Y STITCH” — JOBLAR COMENTA ESTRENOS DE CINE

Un probable nuevo personaje. El relato se compone de una sucesión de gags en que conviven las muchachas con el peluche animado…

Por José Blanco Jiménez
(JOBLAR)

Círculo de Críticos de Arte de Chile
 

Los primeros experimentos de live action por parte del Universo Walt Disney, no me gustaron nada y prefiero no dar títulos.

Incluso, dejé de ir a ver esas películas por la sencilla razón que lo que siempre me gustó —y me sigue gustando—, es que la animación de cualquier tipo motivó mi imaginación de niño, que se sentía parte de historias que sabía que no eran verdad.

Películas como Peter Pan o El libro de la selva, contenían (y contienen), secuencias inolvidables junto a la música que, con el resto del público, salíamos cantando del cine.

Yo no vi el original de Lilo y Stitch (de Dean DeBlois y Chris Sanders, 2002), y creo que ello me ayudó a disfrutar completamente de la película, que está anclada en una realidad paradisíaca que sería capaz de acoger una ficción de ese tipo.

Para uno de mi edad, todavía está vigente la columna sonora de Blue Hawaii (de Norman Taurog, 1961), interpretada por el inigualable Elvis Presley.

Lilo Pelekai (una deliciosa Maia Kealoh), es una solitaria niñita hawaiana que, después de la muerte de sus padres, vive con su hermana Nani (Sydney Agudong) y que —al ver una estrella fugaz—, pide como deseo un amigo fiel. Pero la estrella fugaz es, en realidad, una nave espacial que trae una peligrosa arma de destrucción, que tiene por nombre Experimento 626 y que ha huido de su creador, Jumba Jookiba, en el planeta Turo.

Ha sido programado sólo para hacer daño y tendrá que vérselas tanto con los humanos como con los alienos que lo persiguen. Estos últimos (Billy Magnussen y Zach Galifianakis), constituyen el típico dúo de “buddy movie” intrínsicamente cretinos como Abbott y Costello.

El Experimento parece un perro azul y Lilo lo adopta poniéndole el nombre de Stitch a pesar de la oposición de Nani, que sufre el acoso de los asistentes sociales que buscan evaluar negativamente el hecho de que vivan solas y mandar a Lilo a un orfanato.

De allí para adelante, el relato se compone de una sucesión de gags en que conviven las muchachas con el peluche animado. Éste, por lo demás, más que una máquina confusionaria, es como un pilluelo maldadoso y ellas lo consideran como tal. En tanto, Stitch logra comunicarse en forma verbal y la palabra que consigue articular es “ohana”, que en la cultura hawaiana significa “familia”.

Es un buen reencuentro con el mundo Disney de otros tiempos, en la que los buenos sentimientos eran capaces de sobreponerse a las adversidades con un poco de buena voluntad.

Y —lo que para mí es lo más importante—, sin dulzura empalagosa y poco creíble. 

TRÁILER DEL FILM:
“LILO Y STITCH”
 

“Lilo & Stitch”
USA
Año: 2025

 

 

 

 

 

 

 

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