Ari Aster apunta sobre la permanencia del poder político a través de la confrontación y la violencia sirviéndose de una metáfora siempre válida como es el western…
Por José Blanco Jiménez
(JOBLAR)
Círculo de Críticos de Arte de Chile
Hay topónimos que son títulos de películas: Tombstone (de George P. Cosmatos, 1993), Casablanca (de Michael Curtiz, 1942), Philadelphia (de Jonathan Demme, 1993), Manhattan (de Woody Allen, 1977). Todos ellos nos ubican en un determinado lugar que, de alguna manera, preanuncia su fábula y su relato.
Pero, ¿qué sucede cuando ese título indica un topónimo que no existe, del tipo Ebbing: 3 anuncios por un crimen (Three Billboards Outside Ebbing, Missouri, de Martin McDonagh, 2017)? ¿Es Eddington un apellido o un pueblo? Y, en el segundo caso, qué importancia tiene?

Los posters y los trailers de la película pueden ayudar. Esos bisontes que se precipitan al vacío hacen recordar lugares como Head Smashed, donde los nativos americanos empujaban a los animales a la muerte para alimentarse con sus carnes.
El sombrero del protagonista alude a una película western, pero el pueblo donde transcurren los hechos tiene aspecto del siglo XXI.
Es más: la mascarilla que llevan algun@s y la desobediencia de usarla sitúan los hechos en torno a mayo del año 2020 en New Mexico.
En realidad, Eddington ES un western, pero de tipo contemporáneo, que prefiere el vehículo motorizado al caballo, que tiene minimarket, un eficiente alumbrado público y todo tipo de armas como, por ejemplo, un rifle de francotirador.
Ari Aster es un director neoyorkino que hasta el momento había estremecido con tres películas heterodoxas: El legado del diablo (Hereditary, 2018), Midsommar (2019) y Beau tiene miedo (Beau Is Afraid, 2023), que juegan con la paranoia, el destino ineluctable, el horror bajo la luz del sol y la realidad vista a través de un cristal psicótico.
Eddington —en cambio—, durante sus primeras 3/5 partes me parece una película de los hermanos Joel y Ethan Coen, no tanto como Sin lugar para los débiles (No Country for Old Men, 2007), cuanto como Fargo (1996). Esto porque lo que cuenta es el tono satírico del relato que se desenvuelve con la estructura de un western, pero con una caricatura surrealista de los personajes.
Hay un sheriff (Joaquin Phoenix) y un alcalde (Pedro Pascal), que son fuerzas contrapuestas por diversas razones: el deseo de liderar el mando en este “pueblo chico, infierno grande”, la precedente relación del alcalde con Louise, la mujer del sheriff (una deslavada Emma Stone), el apoyo o el rechazo a la instalación de un “Centro de Datos” de la empresa tecnológica Solid Gold Magikarp, el uso y no uso de la mascarilla.
El sistema político estadounidense permite que un sheriff se postule a alcalde y está claro que habrá golpes bajos.
Todo esto podría haber ocurrido en cualquier lugar de Estados Unidos, pero el western da una idea de atemporalidad. La mirada al mundo actual la entrega el movimiento Black Lives Matter (BLM), que se hace eco de la indignación por el asesinato de George Floyd a manos de un policía blanco en Minnesota.
Resulta risible que en un pueblo de 2.435 habitantes, sea necesario reprimir una manifestación de pocas personas. Por otro lado, la suegra del sheriff (Deirdre O’Connell), declama teorías conspirativas y un charlatán carismático (Austin Butler), se llevará a Louise, mientras pantallas de todos los tipos (televisión, computadores, celulares) inducen a la paranoia.
Esta situación irracional lleva a una tensión que me recordó a Michael Douglas en Un día de furia (Falling Down, de Joel Schumacher, 1993)
Se siente en el aire que algo anda mal, pero no existe voluntad para unirse para resolver los problemas: lo único válido es la confrontación respetando los dos metros de distancia, mientras crece la desconfianza y el aislamiento.
La Generación Z, ya debilitada por sus antecesores, se siente aún más frágil.

En el western tradicional hay buenos y malos, pero Ari Aster se ocupa de no tomar partido: pareciera ser que en los Estados Unidos de América no hay otra vía que la violencia extrema y echar la culpa de los males a las minorías.
Un ejemplo paradigmático será el plan contra el policía afroamericano Michael (Micheal Ward), que terminará la película ejercitando tiro con pistola.
¿Spoiler? ¡Para nada! Prácticamente no he tocado la parte propiamente “asteriana” del film, con reacciones convulsivas a lo John Wick, con los intentos de intervención de un detective de la limítrofe comunidad nativa (William Belleau), con la llegada de un avión privado que podría ser de Antifa. Después de todo, la Enmienda 2 —ratificada en 1791—, garantiza el derecho del pueblo a poseer y portar armas.
Para un país que no existe, puesto que es un conjunto de 50 Estados con leyes propias, en el que un condenado por la Justicia puede ser elegido sin inconvenientes o incluso ser un inválido que ocupa el cargo nominalmente, la “clase dominante” está ansiosa de mantener vigente un Eddington de manera permanente y constante.
TRÁILER DEL FILM:
“Eddington”
Eddington
USA
Año: 2025

