“UNA BATALLA TRAS OTRA” — JOBLAR COMENTA ESTRENOS DE CINE

Película extensa con mucha acción, pero —sobre todo—, mucha diversión. Un producto digerible por apocalípticos e integrados y sobre todo una muestra de buen cine…

 Por José Blanco Jiménez
(JOBLAR)

Círculo de Críticos de Arte de Chile

 

Dejando en claro que no se trata de Wes Anderson (Texas, 1969; con títulos como Moonrise Kingdom, 2012 o The Phoenician Scheme, 2025); ¿qué pretende Paul Thomas Anderson (California 1970 y su Boogie Nights, 1997 o Magnolia, 1999 o El hilo invisible / Phantom Thread, 2017), con esta One Battle After Another?

Si trata de divertir, lo consigue. Pero, ¿necesitaba de una producción tan costosa? Si quiere hacer una crítica a las organizaciones gubernamentales de su país, lo consigue. Pero, ¿necesitaba tomarse tanto tiempo para efectuarla con esa abundancia de tiempos de reposo que —para mi gusto—, arruinan el ritmo de la película? Si quiere ridiculizar los esfuerzos de los “revolucionarios”, lo consigue.

Pero, ¿necesitaba apoyarse en “el viejo truco” de la apología de la familia como pilar de todo grupo humano?

El público tiene la palabra. Yo me limitaré a evidenciar aquellos aspectos que me parecen rescatables y que dan coherencia al esfuerzo de Anderson y de su equipo de producción.

Primero que cualquier otra constatación, quiero dejar en claro que Sean Penn “se roba” la película. Es realmente el hilo conductor que da coherencia y cohesión a toda la fábula y el relato. Como ya ocurrió en otros casos, un actor “secundario” pasa a ser el principal. Me basten pocos y archiconocidos ejemplos: Peter Sellers hizo olvidar a David Niven en La Pantera Rosa (The Pink Panther, de Blake Edwards, 1964); Anthony Quinn a Gregory Peck en Los cañones de Navarone (The Guns of Navarone, de J. Lee Thompson, 1961); y Anthony Hopkins a Jodie Foster en El silencio de los inocentes (The Silence of the Lambs, de Jonathan Demme, 1991).

Agrego al Tte. Gerard de Tommy Lee Jones en busca del Dr. Kimball de Harrison Ford en El fugitivo (The Fugitive, de Andrew Davis, 1993). Su personaje Steven J. Lockjaw, que aparece en el prólogo como un oficial menor y – después de 16 años—, como un coronel condecorado, busca mantener su presencia en el Club de los Aventureros de la Navidad, un grupo super elitista que exige la pureza de la raza blanca y prohíbe el contacto carnal con otras razas.

Y Lockjaw es probablemente padre de Willa (Chase Infiniti) una muchacha afro, hija de una jefa de un grupo revolucionario que se dedicaba a proteger y a introducir emigrantes clandestinos en Estados Unidos.

El desarrollo del argumento es enrevesado en sí, pero lo entenderán de inmediato l@s que vean la película. El presunto protagonista es Bob Ferguson (Leonardo Di Caprio), experto en explosivos y pareja de la revolucionaria Perfidia Beverly Hills (Teyana Taylor). Cometen una serie de atentados y tratan de cambiar el mundo con una organización que consigue superar el muro que separa a la superpotencia de sus vecinos fronterizos.

 ¡Y sus constructores son los mismos que deploraron siempre el Muro de Berlín!

En el prólogo, a punta de pistola, Perfidia obliga a Lockjaw a tener una erección y se inicia un juego sadomasoquista que durará mucho tiempo. Notable la secuencia en que l@s espectador@s tiene una descripción completa —senos, cintura, nalgas— de la bailarina Taylor en una secuencia subjetiva a través del binóculo guerrero del militar. Y todo dura hasta que los terroristas que dirige son capturados tratando de robar un Banco y, por salvar su vida, la mujer traiciona a su grupo terrorista. Antes de llegar a ese momento, Perfidia habrá tenido un embarazo (dispara una metralleta con su vientre al aire), y habrá nacido Willa, o sea, el probable “fruto prohibido”.

El personaje, no interpretado sino CREADO por Sean Penn, se aprecia sobre todo en IMAX, con una expresividad corporal extraordinaria: todos los tics, todos los rictus están a la vista y evidencia las arrugas y cicatrices de una vida azarosa.

Además, está su forma de caminar y de expresarse. Queda en claro que es un hombre que nunca tuvo vida de familia y que su forma de trascender no está en una hija, sino en pertenecer a ese críptico club de adoradores de Santa Claus.

Wallis, sin duda, es hija de su madre y ha heredado la combatividad y el idealismo de la que le ha sido descrita como una heroína. Para ello se ha entrenado con un sensei (excelente interpretación de un empático Benicio del Toro), y está dispuesta a seguir adelante mientras que su padre (¿putativo?) se ha entregado a la droga y el alcohol.

Tal vez así terminan los que juegan a los bandidos y pierden. Pero defender a la familia es algo completamente distinto y es necesario que Bob intervenga. Sólo que han cambiado muchas cosas y —por ejemplo—, no saber una contraseña puede abortar cualquier iniciativa. ¿Suena a Super Agente 86 u otra creación de Mel Brooks?

Todo es muy dramático, pero se vuelve divertido porque —en realidad—, me parece que Thomas Anderson nos invita a reír presentando un país aparentemente ordenado, pero que es una apariencia que esconde un régimen autoritario guiado por

megalómanos.

Hay personajes que vienen y van, que d esaparecen y reaparecen. Las bombas son símbolos fetichistas de que todo cambia para que todo siga igual.

La pantalla gigante acoge las pruebas más obvias de un mundo desquiciado de todos contra todos. Spoiler o no, tampoco está ausente la persecución automovilística, que no será ganada por el vehículo más capacitado, sino por el conductor más astuto.

¡Sí! Es la apodíptica Ley de la Selva con el corolario que no vence el más fuerte, sino el más astuto.

Tal vez no guste a muchos por la desordenada sintaxis de su relato, pero creo que se entretendrán tanto los apocalípticos como los integrados. 

TRÁILER DEL FILM
“Una Batalla tras Otra”
 

 One Battle After Another
USA
Año: 2025