La historia de Cenicienta contada desde la perspectiva de una de sus hermanastras.
ADVERTENCIA: NO ES una película para niños ni para personas débiles de estómago. Más que una historia moralizante es una denuncia acerca de la avaricia y su poder corruptor…
Por José Blanco Jiménez
(JOBLAR)
Círculo de Críticos de Arte de Chile

Recuerdo que, cuando se estrenó la película Histoire d’O (de Just Jaeckin, 1975), no era fácil entender como el personaje de Corinne Clery podía ser sometida a tantos vejámenes de forma voluntaria. Su cuerpo parecía un monigote con el que se divertía un grupo de sádicos de gustos inquisitoriales obsesionados sobre todo con sus orificios íntimos.
Entre las diferentes claves interpretativas, encontré una que me pareció adecuada: no había gran diferencia entre esta entrega total por “amor” y el comportamiento de una iniciada de un movimiento religioso fundamentalista que acepta ser mortificada para salvar su alma.

Valga la referencia puesto que Elvira (una excelente Lea Myren, noruega de 24 años), la protagonista de esta versión escandinava de La Cenicienta, debe someterse a todo tipo de torturas para alcanzar el objetivo establecido por su madre Rebekka (Ane Dahl Torp): que el Príncipe la acepte por esposa.
Es así como le quiebran la nariz y le cosen pestañas a sus ojos. Pero lo más asqueroso es que decide tragarse un huevo de tenia para no engordar.
Son spoilers necesarios para que no se diga que no les advertí. Y, al mismo tiempo que aprende pasos de baile, su carácter se va modificando y —mientras la inmundicia va creciendo dentro de ella—, el mal se va apoderando no sólo de su cuerpo.

Aschenputtel (en alemán significa “la pequeña niña de ceniza”), es un relato oral mitteleuropeo, que fue recogido por Charles Perrault (1697) y los Hermanos Grimm (1812), pero que ya figuraba en el Pentameron del napolitano Giambattista Basile (1634).
Su versión más conocida es la del Estudio Disney (1950), que incluye a los ratoncitos, el gato Lucifer, el perro Bruno y la Hada Madrina.
Pero las variantes son muchísimas y por ejemplo, la mutilación de los dedos de las hermanastras para que sus pies quepan en la zapatilla —que entre paréntesis no es de cristal, verre sino de ternera (veau) es tradición recogida por los Grimm.
En la versión de Perrault, Cenicienta perdona a sus hermanastras, que también se casan.
La directora Emilie Blichfeldt reinterpreta la historia de manera despiadada, quitándole todos los elementos suaves y desodorizados. Agnes, o sea “Cenicienta”, es una joven bellísima (Thea Sofie Loch Naess), pero tiene sexo explícito “a lo perrito” en un pajar lleno de mugre; la madrastra lleva a cabo una felación al varón que conquistó en el baile.
La conversión del “patito feo” en “cisne” tiene toda la delicadeza de las pinturas de Degas, pero —en la medida que el cuerpo se embellece por fuera—, se va pudriendo por dentro.

La película —que ABSOLUTAMENTE NO ES PARA NIÑOS—, presenta el cuento de hadas como lo que realmente es: una lección violenta acerca de que “la belleza (exterior) duele”, sobre todo cuando se busca usar el cuerpo como una mercancía y la avaricia tiene siempre un poder corruptor.
Sin embargo, parece que no todo está perdido.
TRÁILER DEL FILM:
“La Hermanastra Fea”
Den Stygge Stesosteren
The Ugly Stepsister
Noruega
Dinamarca
Rumania
Polonia
Año: 2025

