La protagonista es la isla Rapa-Nui, ocupada por el Estado de Chile. No es un manifiesto turístico, sino una reflexión —no panfletaria—, acerca de cómo la hegemonía cultural colonialista también fue un estigma chileno…
Por José Blanco Jiménez
(JOBLAR)
Círculo de Críticos de Arte de Chile

Los documentales sobre la isla Rapa-Nui han tenido y tienen un carácter de promoción turística. Esta película, dirigida por Leonardo Pakarati, quiere —en cambio—, recuperarla en su relación con Chile y ciertos episodios que marcan su identidad. Pero —sobre todo—, quiere evidenciar cómo la ha tratado la República en 138 años de dependencia.
En la escuela primaria, me enseñaron que el capitán Policarpo Toro tomó posesión de la isla en nombre del Estado de Chile el 09 de septiembre de 1888, pero no me dijeron que allí culminó una negociación entre Chile, Francia, Tahiti y los habitantes de la isla, representados por el rey Atamu Tekena.

En esa fecha, se firmó un acta en español y otra en rapanui mezclada con tahitiano. Mientras para los chilenos era una cesión definitiva de la isla, para los isleños era el otorgamiento de un derecho de administración o “protectorado” a cambio de apoyo frente a abusos extranjeros. El acuerdo original establecía que el pueblo conservaría sus derechos, su autonomía y la propiedad colectiva de sus tierras.
Sin embargo, el gobierno chileno entregó la isla a una compañía ovejera (asociada a la firma británica Williamson & Balfour), que la transformó en una gran estancia. Los indígenas pasaron a ser sus empleados y a estar relegados en el sector de Hanga Roa.
La concesión finalizó en 1953, debido al declive del modelo ganadero y el territorio pasó a ser administrado por la Armada de Chile. En ese momento, se produjo la expedición organizada por el noruego Thor Heyerdahl que —llegando en 1955—, llevó a Rapa Nui a ser conocida en todo el mundo.
Pakarati considera ese acontecimiento como el momento en que la comunidad isleña comenzó a recuperar la validez de la memoria heredada, que hace posible —sobre todo—, la supervivencia cultural.

Mientras la mirada internacional se dirigía hacia los moáis y los misterios arqueológicos, Chile seguía con la actitud colonialista y retrógrada que lo había llevado a la Guerra del Pacífico y a la Guerra Civil de 1891.
Una prueba tangible de esta tendencia fue la oposición política a que maestros laicos tomaran a su cargo la única escuela de la isla. Ésta ya estaba en manos de una orden religiosa, que aseguraba la obediencia al sistema hegemónico entendido como el único existente: la llegada de educadores era un riesgo de subversión.
Es así como —junto a la historia de Lázaro Hotu y su anhelo de recuperación de la memoria colectiva de su pueblo—, se exalta la presencia, en octubre de 1952, de un matrimonio de profesores normalistas chilenos (Lorenzo Baeza Vega, de Cauquenes, y su esposa Adriana Martínez Haebler, de Valparaíso), nombrados por el Ministerio de Educación de Chile como docentes en la Escuela N° 72 de Isla de Pascua. Baeza se interesó por la etnografía y fue corresponsal de “El Mercurio” de Valparaíso.
Habría de fallecer ahogado el 30 de noviembre de 1954 frente a la playa Anakena, cuando zozobró una embarcación de paseo escolar y, después de salvar a varios alumnos, sucumbió junto a otros dos. Con toda justicia, la escuela de Isla de Pascua lleva su nombre.
Con el regreso de la Isla al Estado chileno, se ha logrado, finalmente, la revalorización de su patrimonio arqueológico y el desarrollo del turismo.
Pero —como plantea Leonardo Pakarati—, cuenta mucho la labor de los hijos que se han preocupado de asumir la tarea de conservar la memoria familiar, transmitiendo de generación en generación relatos y pautas culturales. Ello, unido a la memoria de extranjeros (como el hijo de Heyerdahl), y de pioneros (como el hijo de Baeza), permite confrontarla con los registros históricos.
En momentos que el mundo se estremece con las ambiciones expansionistas de grandes potencias con armas de destrucción masiva, en intensos 72 minutos se puede apreciar cómo Chile no ha estado exento de ambiciones que envilecen.

Un gran periodista toscano, Indro Montanelli, calificó las incursiones de la Italia fascista en Libia, Somalia y Eritrea como “nuestro colonialismo proletario”.
Mientras en Rapa Nui se enarbolaba la bandera de la República de Chile, en Muroroa, Francia llegó a realizar 178 pruebas nucleares.
¡Hai mahatu, iorana!
TRÁILER DEL FILM:
“Los Hijos”
Ƞā hinarere
Chile
Año: 2025
JOBLAR EN
“RADIO UNIVERSIDAD DE CHILE”
Escuche los comentarios cinematográficos de JOBLAR en el programa “Escaparate”, que se transmite en “Radio Universidad de Chile” (102.5 FM) los días sábado a las 15:00 horas, y domingo a las 21.00 horas. Y, además online, en
www.radiouchile.cl

