“SIRĀT: TRANCE EN EL DESIERTO” — JOBLAR COMENTA ESTRENOS DE CINE

Expedición narrativa que enfatiza el hecho de la dificultad de salvarse en el Día de la Resurrección…

 Por José Blanco Jiménez
(JOBLAR)

Círculo de Críticos de Arte de Chile

 

Antes de empezar la película, un escrito advierte que el Ṣirāṭ es el puente entre el cielo y el infierno, que todas las almas deben cruzar para tratar de llegar al Paraíso: es “más delgado que un cabello y más afilado que una espada”.  

Es una cita de un hadiz (narración) de la Sunna islámica, que enfatiza el hecho de la dificultad de salvarse en el Día de la Resurrección.

En un comienzo, se ve instalar en el desierto marroquí poderosos altoparlantes que producirán ensordecedora música techno, que durará día y noche en una rave party. El ritmo de percusión ancestral logra aturdir al público, pero Luis (Sergi López, el sádico Capitán Vidal de El laberinto del fauno, de Guillermo del Toro, 2006), busca a su desaparecida hija Mar junto a su otro hijo, el pequeño Esteban (Bruno Núñez Arjona), que está acompañado por su perro.

Mientras tod@s bailan, ellos distribuyen fotos, pero nadie reconoce a la jovencita.

Para descanso de l@s espectador@s, la fiesta es interrumpida por el ejército debido a una situación bélica que no es aclarada en forma directa, pero que está siempre latente como otros presentimientos que promueven la acción.

Luis logra huir hacia el sur siguiendo a un grupo de “lolosaurios”, personajes grotescos similares a gárgolas en vida, que se dirigen a otra rave en Mauritania y que le advierten que el camino será muy difícil. Pero el amor de padre valdrá más. El ruido de la música dará paso al silencio de la soledad y al silbido del viento del desierto.

El tema de la búsqueda del ser querido es recurrente en el cine y no voy a hacer spoiler. Me interesa, en cambio, evidenciar como la película evoluciona hacia otras experiencias literarias y cinematográficas. Una es la condición de laberinto del desierto, que Jorge Luis Borges sancionó en una breve página intitulada Los dos reyes y el laberinto.

La otra es que cómo una búsqueda se transforma en una huida de sí mismo, a la manera de La aventura (L’avventura, de Michelangelo Antonioni, 1960), donde la amante / amiga desaparece en un roquerío para siempre y la pareja que la busca da vueltas en el vacío.

El hecho de que haya otra rave no significa que encontrarán a la hija y hermana: no es más que la esperanza de lograrlo por el esfuerzo desarrollado.

Pero la película se contamina con un relato, que ya fue referido de manera excelente en El salario del miedo (Le salaire de la peur, de Henri-Georges Clouzot, 1952): un grupo se conforma para alcanzar un objetivo, pero es heterogéneo como sus intereses. No creo que Óliver Laxe haya querido dirigir y escribir el guión de un “road movie” con profundización de personajes. Tampoco es un plañidero acerca de la naturaleza perversa. Más bien me guío por la definición del título: el sirāt se puede atravesar muy lentamente o con gran rapidez, pero es un esfuerzo exclusivamente personal.

La pureza y levedad del alma está en la relación con los demás durante la vida terrena.

La secuencia final me parece una alegoría de la vida que rueda rutinaria sin destino definitivo. 

TRÁILER DEL FILM:
“Sirāt: Trance en el Desierto”
 

 Sirāt
España
Francia
Año: 2025

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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