“¡AYUDA!” — JOBLAR COMENTA ESTRENOS DE CINE

San Raimi vuelve sobre el tema de la venganza, pero en este caso con toques de comedia y atisbos de feminismo. Lo logra gracias a Rachel McAdams…

 Por José Blanco Jiménez
(JOBLAR)

Círculo de Críticos de Arte de Chile

 

La historia de un hombre y una mujer sobrevivientes en una isla desierta, es ya conocida en el cinematógrafo.

Me basta recordar dos títulos: El cielo fue testigo (Heaven Knows, Mr. Allison, de John Huston, 1957), con Deborah Kerr y Robert Mitchum; y Seis días siete noches (Six Days Seven Nights, de Ivan Reitman, 1998), Anne Heche y Harrison Ford.

En ambos casos, dos existencias completamente diversas que están obligadas a convivir, si es que quieren subsistir. No se trata de un grupo que debe reorganizarse en sus roles, sino de enfrentarse o de ayudarse.

Linda (una siempre extraordinaria Rachel McAdams) es “ninguneada” por su jefe y sus colegas. Los detalles véanlos ustedes: utilizan su capacidad intelectual y contable, sin una retribución adecuada, se burlan machistamente de ella, tratan de humillarla constantemente. En estos trajines transcurre el Primer Acto de la película.

Raimi es tan eficaz que lleva a odiar al grupito de idiotas e, incluso, a la novia del nuevo CEO, una mujer afro escultural con un costoso anillo de brillantes en su dedo anular.

Es lo mismo que el director había hecho con la veleidosa ejecutiva de préstamos que, por negarse a renovar una hipoteca a una vieja gitana, recibió una maldición de ésta en Arrástrame al infierno (Drag Me To Hell, 2009). Al final, a much@s les parecía bien que sufriera su destino como venganza.

Aquí también, después de las que le hacen, parece justo que paguen de la manera adecuada. Es así como —en una isla solitaria—, el jefecito (Dylan O’Brien), queda a merced de su subordinada, que toma el control absoluto. La situación sado-masoquista resulta cómica, pero también inquietante. Porque Linda se transforma en un “perro de paja” al estilo de Sam Peckinpah (Straw Dogs, 1971), o en una psicópata como la Annie Wilkes, de Misery (de Rob Reiner, 1990).

Podría ser un apólogo acerca de que el poder genera monstruos, tanto entre los victimarios como en las víctimas. Yo creo, en cambio, que la óptica va por un lado sociopolítico: en el mundo actual, el poder es una capacidad que no tiene un valor adscrito, sino que se consigue por méritos o por circunstancias.

La película que hay que recordar verdaderamente se llama Travolti da un insolito destino nell’azzurro mare d’agosto (Arrastrados por insólito destino, de Lina Wertmüller, 1974), que tuve la suerte de ver en su estreno con Giancarlo Giannini, como el sirviente de un yate y Mariangela Melato, una millonaria ególatra.

Ahí se trataba de una sátira acerca de la lucha de clases presagiando su derrota inminente. Tengo entendido que Guy Ritchie intentó dirigir una versión USA en 2002 con el nombre de Swept Away (Insólito destino), y la participación de Adriano Giannini (hijo de Giancarlo) y de la cuarentona señora Madonna Louise Ciccone, que como actriz resulta una buena cantante.

Aquí el caso es diferente, pero coincide en el objetivo de la revancha. L@s que la vean no resistirán relatar algunos spoilers. Por mi parte, debo decir que mientras Rachel McAdams (la misma de Diario de una pasión / The Notebook, de Nick Cassavetes, 2004), Dylan Thomas no logra articular un personaje creíble y sigue siendo el protagonista de la franquicia de Maze Runner (2014-2018). 

TRÁILER DEL FILM:
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USA
Año: 2026

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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