“CUENTO DE NAVIDAD: UNA HISTORIA IMPERECEDERA”

Esta vez no se trata de una película, sino de una serie de relatos para una sola fábula de la que todos se originan. Como todas sus creaciones, Charles Dickens tenía una intención de denuncia social, que partía de la decisión de las personas en vez de una decisión política. Además, consiguió reevaluar el sentido familiar de la fiesta cristiana…

 Por José Blanco Jiménez

Miembro del Círculo de Críticos de Arte de Chile
 

Charles Dickens, en 1843, escribió una novela que mantiene su vigencia hasta el día de hoy, a pesar de haber superado hace tiempo su sesquicentenario: A Christmas Carol, conocido en el área hispanófona como “Canción de Navidad”.

Escribir sobre el tema requiere de una prolija y rigurosa documentación. No sólo porque ha sido llevada a la pantalla (grande y pequeña), más de 140 veces, sino porque la temática ha sido adaptada para muchísimas circunstancias y va de la mano con la historia del cine y sus más conspicuos intérpretes.

Hay que empezar por el título. El “Carol” era una antigua danza, pero pasó a significar “canto de Navidad” precisamente por el éxito del libro. Luego está el protagonista, Ebenezer Scrooge, un viejo avaro y egoísta, que odia la Navidad y considera —al igual que muchos próceres del neoliberalismo— que los pobres lo son porque quieren, porque son flojos e incapaces de hacerse de una buena situación.

Pero antes de pasar al argumento y a las adaptaciones cinematográficas, es importante que recuerde que el personaje dio origen al Tío Rico Mac Pato (o Tío Patilludo, o Tío Gilito), creado por Carl Barks para los Estudios Disney. En efecto, su nombre en inglés es Uncle Scrooge. Y ese así cómo apareció en El cuento de Navidad de Mickey (1983) en el que participa el famoso ratón, Minnie, Tribilín y muchos otros, que interpretan los diferentes roles.

El argumento es lineal y archiconocido: Scrooge cree que va a pasar solo la noche de Navidad, pero —en cambio— lo acompañan el fantasma de su socio y tres espíritus (Pasado, Presente y Futuro), que remecerán su conciencia y le harán comprender que su vida ha sido sólo una sarta de malas acciones y abusos, que dejará un pésimo recuerdo y —sobre todo— que no ha sido capaz de hacer el bien.

Grandes actores lo han interpretado, sobre todo caracteristas, que pareciera ser que en sus largas carreras hubieran necesitado ser TAMBIÉN Scrooge además de otras de sus inolvidables creaciones: Albert Finney, George C. Scott, Patrick Stewart, Vincent Price, Jack Palance, Dean Jones y los protagonistas de las primeras películas como Seymour Hicks, Reginal Owen y Alistair Sim.

A ellos hay que agregar la película Scrooged (de Richard Donner, 1988) con Bill Murray, que en Chile se conoció con el título de Los fantasmas contraatacan, debido al éxito de Los cazafantasmas y la versión de Robert Zemeckis (2009), con un poliédrico Jim Carrey, capaz de interpretar 8 (ocho) papeles distintos.

Hay también versiones femeninas como las de Susie Blake en Scrooge: A Christmas Sarah (de Peter Leslie, 1990), de Cicely Tyson en Ms. Scrooge (de John Korty, 1997) y de Emmanuelle Vaugier en It’s Christmas, Carol! (de Michael M. Scott, 2012).

Y están los otros personajes de dibujos animados, que aparecen como actrices y como actores de la obra de Dickens. Recuerdo los más conocidos en nuestro país: Mr. Magoo (1962), Los Supersónicos (1985), Los Picapiedra (1994), Plaza Sésamo (2006), Los Pitufos (2011), Bugs Bunny y el elenco de Looney Tunes (2011-2014).

La intención del gran escritor era —como en casi todas sus obras— efectuar una denuncia social acerca de los responsables de la pobreza, que él también sufrió en su niñez. Era casi imposible obtener una respuesta política de la monarquía, pero sí se podía esperar el apoyo de las personas.

La Navidad había entrado en crisis debido a la oposición a las costumbres católicas e, incluso, fue prohibida por Oliver Cromwell a mediados del siglo XVII. Lo que Dickens consiguió con su relato fue recuperar el sentido familiar de la fiesta navideña, alejándola de los actos comunitarios y puramente religiosos.

Incluso, una frase del cuento se mantiene como augurio hasta el día de hoy: «Merry Christmas«, Feliz Navidad, que algunos todavía traducen Felices Pascuas.

(A Christmas Carol / Canción de Navidad. Varios países, 1901-2020)
 

 

 

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