“ESA MUJER” — JOBLAR COMENTA ESTRENOS DE CINE

Muy buena película, que muestra una China cada vez más vacía de tradiciones y contenidos culturales, que engendra también seres vacíos de sentimientos y motivaciones…

 Por José Blanco Jiménez
(JOBLAR)

Miembro del Círculo de Críticos de Arte de Chile

 

Parto por decir que no me voy a engolosinar hablando de la obra del director Jia Zhang-Ke y de Zhao Tao, que es su esposa en la vida real y la protagonista de sus películas. Me interesa el film en sí y como tal pienso abordarlo.

Quiero empezar por el título en castellano (“Esa mujer”), que me hizo recordar la novela Veinticuatro horas en la vida de una mujer (1927, de Stefan Zweig), que ha sido llevada al cine por lo menos cinco veces. Y la verdad es que, a pesar de un punto de contacto que tiene debido al mundo del juego, se trata de dos historias muy distintas, pero que se centran en la fortaleza femenina para enfrentar la realidad desde su perspectiva de “sexo débil”.

De partida ese título es inadecuado, porque el original (Jianghu er nü) alude a “hijos e hijas del Jianghu”, palabra intraducible que tiene que ver tanto con “ríos y lagos”, como con gremios, sociedades secretas y personas que viven al margen de la sociedad.

El título propuesto en inglés (Ash is Puresto White), esto es La ceniza es el blanco más puro, me parece mucho más coherente, puesto que evoca un momento en que la protagonista se refiere a un volcán en el horizonte y llega a esa conclusión, porque la ceniza de éste es el fruto del fuego, como puede ser el fruto de la pasión. Y es la que ella conserva en su vida.

La película no recorre 24 horas, sino 17 años de la vida de una mujer, desde abril de 2001 hasta el 1 de enero de 2018, con una censura de un lustro en el que cambia no sólo su existencia, sino también la de su país.

En efecto, la actividad minera empieza a cerrar sus puertas, aumenta la cantidad de rascacielos y disminuyen los barrios, se demuele sin piedad y a un grupo de pasajeros de un barco se les anuncia que quizás sea la última vez que verán ciertas costas porque allí se va a construir una represa (incluso hay carteles que indican hasta dónde va a llegar el agua).

El crecimiento urbano se expresa en grandes panorámicas y escaleras interminables, que cansan sólo de mirarlas. Los trenes de última generación son cada vez más veloces y eficientes, pero todavía permiten disfrutar un poco del paisaje que va desapareciendo, lo que no consiente el avión. Y, si en los tranvías urbanos se respira el cansancio de la gente agobiada por el capitalismo de Estado, en los ferrocarriles se puede hablar de quimeras e incluso de ovnis.

En lo personal, se pasa del dinero fácil a una subsistencia de expedientes. El dragón chino sigue existiendo, pero se preocupa solamente de consumir y hacia allá apunta su productividad, con ropas, bailes y comidas occidentales. Los caminos de los amantes se bifurcan y la protagonista envejece en pocos años maltratada sobre todo por la indiferencia y la falta de cariño.

El que sí funciona es el Estado policial y, gracias a éste, la mujer encuentra a su perdida pareja, pero no a su amor. La vida fluyó, pero sin pensar en un futuro y —después de tantos años— no es posible que exista siquiera un proyecto, ni siquiera de corte nacional.

Sólo quedan telecámaras que registran espacios y una existencia vacía.

¡Muy buena!

(Jiang hu er nü / Ash is Purest White, China-Francia-Japón / 2018)

 

TRAILER DEL FILM:
“ESA MUJER”
 

 Producción:
Mont Blanc Cinema

 

 

 

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