Película brasileña que, sirviéndose de la diversidad de dos niñitas, repropone el ciclo de la vida desde una perspectiva natural y coherente con las cosas invisibles, que permite una felicidad prístina e inmaculada…
Por José Blanco Jiménez
Círculo de Críticos de Arte de Chile

El zorro dice al Principito: “Sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos”. Con estas palabras, Antoine de Saint-Exupéry quiere explicar al protagonista que el verdadero valor de las cosas se aprecia mediante los afectos y no necesariamente con el órgano de la vista.
La directora brasileña, Rafaela Camelo (1985), quiere llegar más allá, porque superando los tradicionales vínculos euro-occidentales considera también los que ancestralmente se establecen con el “Más Allá”, con el amor imperecedero y con los ritos que comunican con las almas errantes.
No es una película de misterio o de terror. Tampoco es un drama lacrimoso, sino un cuadro costumbrista enfocado desde una perspectiva de antropología y diversidad cultural.
Son las vacaciones de verano en la ciudad de Brasilia que, a pesar de estar rodeada por la selva, emerge como un monumento al hormigón armado.
En un hospital, se topan dos niñas que —en un principio—, tienen una sola característica en común: son hijas únicas de una madre monoparental.

Glória (Laura Brandão), que fue trasplantada de corazón y acompaña a su madre Antônia (Larissa Mauro), quien trabaja allí como enfermera; Sofia (Serena) —un trans—, está allí porque, después de un accidente, internaron a su bisabuela, Bisa Francisca (Aline Marta Maia), una “benzedeira” (curandera), que padece de Alzheimer.
Las dos niñas (ambas tienen 10 años), se cuentan sus respectivas vicisitudes y exploran el hospital para matar el aburrimiento: Glória ya conoce todo; para Sofia, todo es nuevo. Mientras tanto, surge una amistad entre las dos madres: Simone (Camila Márdila), la nieta de Bisa, decide llevar a su abuela a una finca en el interior de Goiás para que muera donde siempre ha vivido, e invita a la enfermera Antônia a que ésta la acompañe junto a Glória.
Allí se inicia la segunda parte de la película, que es todo naturaleza y creencias atávicas.
Goiás es el estado donde se encuentra Brasilia y está ubicado en la región Centro-Oeste del país. Una comunidad reza por las almas errantes para que continúen su camino; el ciclo de la vida tiene un significado diferente.
Las pequeñas protagonistas, que ya han recomenzado sus existencias dos veces, me recuerdan a las crisálidas que esperan transformarse en mariposas. Todo el correr del tiempo inexorable se manifiesta en los pequeños gestos cotidianos de las que empiezan a comprender la vida. Serán los lazos invisibles que construyen los que prevalecerán.

Y el adiós de la bisabuela, que emprende su viaje, más que provocar pena, disemina esperanza.
TRÁILER DEL FILM:
“La Naturaleza de las Cosas Invisibles”
A natureza das coisas invisíveis
Brasil
Chile
Año: 2025
JOBLAR EN
“RADIO UNIVERSIDAD DE CHILE”
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