“TORRES CONTRA EL OLVIDO” — JOBLAR COMENTA ESTRENOS DE CINE

Guillermo Torres Gaona fue uno de los periodistas que estuvo prisionero tras el golpe de Estado cívico-militar de 1973, y después fue expulsado del país. Su hija, Mariana Sandina Torres, relata la historia del padre ausente…

Por José Blanco Jiménez
(JOBLAR)

Círculo de Críticos de Arte de Chile

 

La pantalla está en negro y se escucha un ruido ensordecedor. Al aparecer unas nubes, l@s espectador@s se percatan que se vuela en un avión, que simboliza tanto la partida como el regreso. Una niñita en una sala de clases de la escuela básica. Una tarea por desarrollar en la universidad…

Ahora en la pantalla se ve un damero en blanco y grises que asemeja un cuadro del neerlandés Piet Mondrian. Al alejarse poco a poco, se transforma en una malla de alambre y después en una foto en la que un hombre y una mujer se toman de la mano a través del espacio que concede uno de los pequeños rombos.

Una voz femenina en off confiesa que “por primera vez el mito se hizo carne ante mis ojos”: era el padre junto a su primera señora.

Después, junto con el ruido de la tecla de zoom del computador, se empequeñece hasta desaparecer.

A los tres minutos y medio aparecen los créditos de entrada, pero el núcleo de la fábula ya está expuesto: el fantasma del padre ausente que no puede recordar, porque nunca tuvo tiempo de conocerlo.

El tema no es nuevo y ya lo he leído en novelas, pero lo interesante es que aquí se trata de hechos reales y que son presentados como documental y no de forma novelesca, como en Más allá del silencio (Beyond the Place), de A. J. Cronin, o La caldera del diablo (Peyton Place), de Grace Metalious.

Aquí todo es verdad autobiográfica y su autora, Mariana Sandina Torres Barahona, se refiere a su padre, Guillermo Torres Gaona, como aquél que esperaba ver un día y ella comenzó la búsqueda informándose acerca de él por los que lo habían conocido. Pero también se sirvió de fuentes históricamente establecidas.

Es así como supo del Informe Valech y del Protocolo de Estambul, supo que su padre formó parte de los 600 detenidos de la Universidad Técnica del Estado (que cambiaría su nombre por Universidad de Santiago de Chile, con un coronel de Ejército designado como rector).

Como niña pequeña no podía comprender qué significaban los topónimos Estadio Chile, Estadio Nacional, Chacabuco, Puchuncaví y Tres Álamos. En el Desierto de Atacama estuvo 361 días.

Mientras tanto, muchos coetáneos no sabían qué era una dictadura, ni que existiera alguna en el país. Después del reencuentro, Guillermo no tocaba ciertos temas en la casa, pero —por ejemplo—, nunca comía lentejas porque recordaba que las que le servían cuando estaba prisionero, iban mezcladas con excrementos.

Comenta Mariana: “Al conocer el horror me imagino que debe ser difícil hacerlo desaparecer”. Sobre todo cuando se recurre a “la cobardía uniformada” y funciona “el miedo como dominante en la sociedad”.

Agrega Torres: “No queda agua para apagar este gran incendio. No obstante, recojo unas gotas dispersas quizás emanadas del sudor de la lucha para intentar apagar mi miedo. No tengo derecho a claudicar”.

El andar del tiempo no borra lo vivido. 

TRÁILFR DEL FILM:
“TORRES CONTRA EL OLVIDO” 

 Torres contra el olvido
Chile
Año: 2025

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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