“EL DESHIELO” — JOBLAR COMENTA ESTRENOS DE CINE

¡Bien, Manuela Martelli! Una película monolítica y convincente, en la que se dice todo sin necesidad de palabras. Es la atmósfera la que habla, la que cubre un microcosmos malvado en el que han ocurrido hechos que oculta la blancura de la nieve. El deshielo es un hecho cíclico permanente que se transparenta también en la vida personal y de una nación…

 Por José Blanco Jiménez
(JOBLAR)

Círculo de Críticos de Arte de Chile

 

Cuando comenté 1976 (cfr. www.candilejas.cl del 21 de octubre de 2022), me permití evidenciar lo que me parecían “pequeños detalles que deberían ser subsanables a futuro: el montaje no siempre me parece el adecuado, la música tiende más a subrayar la tensión que a acompañar y describir, algunas decisiones de cámara podrían ser mejoradas”.

No sé si Manuela Martelli —a quien entrevisté por primera vez hace 22 años en mi programa radial “Imágenes de la pantalla” como protagonista de B-Happy (de Gonzalo Justiniano, 2004), —y su equipo habrán leído mis opiniones–, pero es un juicio de realidad que esos problemillas ya no aparecen en El deshielo, título que está cargado de significados que se complementan.

Como género, la película puede ser clasificada con thriller. Hanna (Maia Domagala), una jovencita esquiadora alemana de 15 años, que se encuentra junto a su entrenador (el actor polaco Jakub Gierszal) en un refugio cordillerano chileno, desaparece sin dejar rastros. Todos los hechos han sido vistos y registrados por Inés (Maya O’Rourke), una niñita de 9 años que está al cuidado de sus abuelos (Paulina Urrutia y Mauricio Pešutić), propietarios del recinto.

Esto, porque sus padres se encuentran en la Expo Sevilla 1992, donde se exhibe el iceberg que fue enviado como símbolo del territorio antártico y de reinserción de Chile en el mundo después de la dictadura cívico-militar.

Cuando la madre de la niña (Saskia Rosendahl) llega a Chile, no comprende por qué “la autoridad” no tiene mayor voluntad en investigar. 

Debido, precisamente, al género de suspenso, no daré otras informaciones. En mi opinión, el principal acierto de la película está en la necesidad / ausencia de comunicación que se produce entre los personajes que hablan lenguas distintas. Es precisamente Inés quién tiene la capacidad de expresarse y darse a entender en varios idiomas, así como puede manejar las llaves del hotel. Constituye realmente una llave maestra que guía la trama de la película, sin necesidad de hablar demasiado y que tiene, además, la prohibición de hacerlo.

Me atrevo sólo a señalar que el film no sigue tanto la línea de La dama desaparece (The Lady Vanishes, de Alfred Hitchcock, 1938), de Luces rojas (Feux rouges, de Cédric Kahn 2004), o de La sospecha (Prisoners, de Denis Villeneuve, 2013).

Su ritmo asfixiante es más bien el de La aventura (L’avventura, de Michelangelo Antonioni, 1960), y de El enigma en las rocas colgantes (Picnic at Hanging Rock, de Peter Weir, 1975).

Como ya adelanté, el sentido de “deshielo” es polisémico. Todo empieza con la extracción del iceberg y su transporte fuera del país. Todo termina con la retirada del invierno.

El deshielo es un acontecimiento cíclico y permanente. La adolescencia es el deshielo de la infancia; la madurez es el deshielo de la adolescencia.

El deshielo podrá tal vez ayudar a aclarar un crimen, pero la justicia será sólo “en la medida de lo posible”.

 El deshielo
Chile
USA
España
México
Año: 2026

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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