“FUE SÓLO UN ACCIDENTE” — JOBLAR COMENTA ESTRENOS DE CINE

Una excelente película de habla no inglesa, que confirma que el mejor cine no se produce ya en Estados Unidos. Una temática conocida, incluso en Chile, que existe desde siempre y que desgraciadamente siempre existirá junto a la banalidad del mal…

 Por José Blanco Jiménez
(JOBLAR)

Círculo de Críticos de Arte de Chile

 

Una noche un padre, una madre y su pequeña hija, atropellan con el automóvil a un perro en el camino. Es sólo un accidente, porque matar un perro —a lo más—, perjudica al auto y es justamente lo que ocurre.

Al pasar por un garaje para una reparación de emergencia, uno de los empleados reconoce auditivamente el caminar del conductor: pisa como un hombre al que le falta una pierna y que su prótesis rechina.

No cabe duda: ese individuo fue el que lo torturó cuando estuvo prisionero por haber protestado contra el régimen iraní. Estaba vendado, pero por su oído cree estar seguro. Secuestra al presunto verdugo y se dispone a enterrarlo vivo, pero después su conciencia lo hace dudar. Resuelve contactar a otras víctimas que puedan identificar al victimario.

Es así como se forma un grupo heterogéneo de personas que actúan cada uno de manera diversa, desmintiendo transparentemente que se trate de criminales organizados: un dueño de librería que aconseja prudencia, una fotógrafa que sentencia que “no debemos ser como ellos”, dos novios vestidos para la ceremonia que discrepan entre ellos y un exaltado que busca venganza a toda costa.

El relato de la película, que se desarrolla en un día, está constituido por las discusiones y el vagar con un cuerpo adormecido del que no se deciden a deshacerse.

Mientras tanto, socarronamente, el director Jafar Panahi, que en la vida real ha sido mandado a prisión por no estar de acuerdo con el Estado Islámico, aprovecha para denunciar la burocracia y la corrupción de los que manejan los servicios públicos: dos policías, el bencinero y una enfermera exigen “propinas” por (no) hacer su trabajo. Una parturienta, que ya rompió las aguas, no es admitida si no está presente el padre del nascituro y no paga el servicio por adelantado.

En fin de cuentas, el deseo de venganza o simplemente de justicia, se ve diluido ante las adversidades de la vida común. La ironía de Panahi es feroz: desnuda la crueldad dentro del marco de la banalidad del mal y de los escrúpulos del bien. Relata cómo una detenida es violada antes de ser asesinada para que no pueda entrar en el Paraíso musulmán, porque el teocratismo no busca más que retroalimentarse para subsistir.

Pero también hace reír con escenas inverosímiles, como la joven vestida de novia que empuja la furgoneta para hacerla partir. Y —¡atención!—, los lugares donde ocurren los hechos permiten que las protagonistas no usen velo. ¡Otra irreverencia!

El tema del criminal que ha transgredido los derechos humanos ha sido tratado dramáticamente por directores como Orson Welles, en El extraño (The Stranger, 1946), y Gonzalo Justiniano en Amnesia (1994).

Incluso, el escritor Ariel Dorfman, de tres nacionalidades: argentino, chileno y estadounidense, —afincado algunos años en Chile—, logró colocar su pieza teatral La muerte y la doncella en Broadway y que fuera llevada al cine, dirigida por Roman Polanski (1994).

Aquí es distinto. La fábula da para mucho, sobre todo cuando se mezcla con la historia. La pluma del vencido duele, mientras la del vencedor puede enaltecer sobre todo cuando vence al instinto animal. Al fin y al cabo, queda la esperanza que todo sea sólo un accidente.

Excelente película que adquiere universalidad, incluso porque no está hablada en inglés. 

TRÁILER DEL FILM:
“Fue sólo un accidente”
 

Yek tasadof-e sadeh / A Simple Accident
Iran
Francia
Luxemburgo
USA
Año: 2025

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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