“EL ÁRTICO” — Comentario de CINE

Nombres y situaciones previas cuentan poco. Se trata de sobrevivir a la naturaleza “madrastra”, que convierte al hombre en un punto del paisaje, que —en este caso— es sumamente hostil…

 Por JOBLAR

Miembro del Círculo de Críticos de Arte de Chile

 En un comienzo, el protagonista escribe SOS en la nieve congelada para ser visto desde lo alto. Habita en lo que queda de un avión que precipitó en el Ártico, come lo que logra pescar a través de agujeros calados en el hielo, anota los días que pasan (son ya demasiados) y no se atreve a alejarse de allí por la larga distancia a que se encuentra la estación más cercana y porque en el sector merodea un oso polar.

O sea, el tema es de la del legendario Robinson Crusoe, de Daniel Defoe (1719), que ha sido reinterpretado cinematográficamente en películas como Náufrago (Cast Away, de Robert Zemeckis, 2000) con Tom Hanks o Misión Rescate (The Martian, de Ridley Scott, 2015), con Matt Damon.

Hasta que surge un helicóptero. Pero lo que podría ser la salvación, se transforma en un problema ulterior, porque el vehículo capota y entre los restos se encuentra una joven asiática en estado de coma. El protagonista, por lo tanto, decide abandonar su lugar seguro para alcanzar un punto más seguro.

El brasileño Joe Penna logra desarrollar un poema épico de la supervivencia, que se expresa en el contraste entre el rostro descarnado y huesudo del actor danés Mads Mikkelsen (Le Chiffre en Casino Royale, de Martin Campbell, 2006), y el paisaje despiadado del desierto blanco. Poco importa su nombre ni por qué se encuentra allí. Lo mismo ocurre con la muchacha herida. Serían elementos inútilmente distractivos.

En ese momento, tan solo interesa sobrevivir en la lucha contra la naturaleza, que —como dice Giacomo Leopardi—, no es madre, sino “madrastra”.

Tampoco el lenguaje codificado tiene mayor importancia: no hay diálogos y los textos escritos son signos de supervivencia (incluso el documento de identificación de la pasajera está escrito con un alfabeto desconocido para un occidental).

Vi hace años una película en la que el protagonista decía pocas palabras. Se trata de Caza salvaje (Death Hunt, de Peter R. Hunt, 1981) en la que Charles Bronson apenas abría la boca en el rol de un trampero perseguido injustamente. En cuanto a la resistencia humana, está The Revenant: El renacido (de Alejandro G. Iñárritu, 2015) con Leonardo DiCaprio, que ganó un Premio Oscar.

Pero el paisaje desolado me trajo a la memoria Salvajes inocentes (The Savage Innocents, de Nicholas Ray, 1960), basada en la novela El país de las sombras largas, de Hans Ruesch, con Anthony Quinn y Yoko Tani, que es de un dramatismo antropológico devastador.

Ese hombre que sobrevive y trata de salvar a su congénere representa a la Humanidad en su estado más prehistórico: la desesperación ante la adversidad, su ingenio para resolverla, su silenciosa dignidad. Es el estoicismo de quién se ve obligado a contar única y exclusivamente con sus propias fuerzas.

(Arctic. Islandia, 2018) 

TRAILER DEL FILM:
“EL ÁRTICO”

PRODUCCIÓN:
Buena Vista International Latinoamérica

 

 

 

 

 

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