“PENAL CORDILLERA” — JOBLAR COMENTA ESTRENOS DE CINE

“La Justicia es la utilidad del más fuerte” (Trasímaco, siglo V antes de Cristo)…

 Por José Blanco Jiménez
(JOBLAR)

Círculo de Críticos de Arte de Chile

 

El director y guionista, Felipe Carmona Urrutia, debe tener argumentos para justificar esta película, pero no quiero conocerlos hasta no dar mi opinión acerca de ella: me interesa la obra cinematográfica ya confeccionada y cómo se ofrece al público.

Tengo el deber de recordar que el Penal Cordillera fue la adaptación de un antiguo centro de vacaciones para hospedar a un grupo de condenados por crímenes contra la Humanidad, que tuvieron especial figuración durante el régimen cívico-militar después del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973.

Fue una creación del Presidente Ricardo Lagos, socialista que continuó la labor del Presidente demócrata cristiano Patricio Aylwin, quien había ofrecido “justicia en la medida de lo posible”. Se cumplía también el vaticinio del hijo del general Manuel Contreras Sepúlveda, gestor de la DINA: “¡Mi padre no va a ir a ninguna cárcel!”.

El realizador presenta un ambiente idílico en el que los reclusos mandan a sus guardianes como si fueran sus sirvientes, amenazando incluso al alcaide, diciéndole –—por ejemplo—, que pueden transferirlo a otro recinto donde no va a tener siquiera una estufa, aludiendo al ambiente misérrimo de las cárceles chilenas. O los gendarmes deben hacer gimnasia intensiva, porque “el físico y el intelecto van de la mano al servicio de la patria”.

Tengo recuerdos de muchas películas que describen la vida en prisión, pero creo que la mejor es Sueños de fuga (The Shawshank Redemption, de Frank Darabont, 1994), sobre todo por lo que significa para el protagonista estar atrapado en una situación irreversible en la que lo único que tiene a disposición es tiempo por su condición de cadena perpetua.

Sin embargo, me parece que Carmona es deudor sobre todo a Francis Ford Coppola, por la atmósfera de El Padrino, en la que la ley de la mafia es superior al de la “Justicia” establecida por los gestores del poder. Incluso, en la secuencia del personaje que emerge del barro hay un explícito homenaje a Apocalypsis Now (1979).

Y, como fotografía, están las panorámicas, sobre todo aquéllas en las que aparecen los cinco reclusos, magistralmente interpretados por actores que —en la vida real—, no son precisamente seguidores de la dictadura.

Desde el punto de vista de la temática, la película me recordó El club, de Pablo Larraín (2015), que presenta otro caso de impunidad inaceptable: el de sacerdotes, pedófilos, traficantes de niños y demases que nunca respondieron por sus crímenes.

Pero aquí no hay arrepentimiento ni reflexión: simplemente los veraneantes están convencidos que cumplieron con su deber, porque con su acción le han dado tranquilidad y progreso al país. En efecto, uno de ellos afirma: “Gracias a nosotros no tenemos un país lleno de negros, maricones y terroristas”.

Curioso que esto se recuerde 10 años después y justo antes de un plebiscito en el que la ciudadanía deberá pronunciarse “a favor” o “en contra” de una nueva Constitución.

Lo que no fueron capaces de hacer los opositores al régimen cívico-militar lo hizo el gobierno del derechista Sebastián Piñera, que cerró esta verdadera “casa de reposo” después de la emisión televisiva de una entrevista a Contreras que —en la víspera del 40º aniversario del golpe de Estado—, afirmó por televisión que él “nunca había torturado o matado a nadie”.

El traslado a Punta Peuco se  produjo en la madrugada del 29 de septiembre de 2013. La película muestra a sus huéspedes como molestos por ser trasladados en un auto poco elegante y deben explicarles que se trata de no llamar la atención. Una vez dentro del vehículo recuerdan a algunos torturados como si fueran trofeos deportivos.

El público sigue también la decisión del que estaba ausente haciendo uso de su permiso de salida y que no volvió, suicidándose.

Para concluir, me parece interesante recordar dos episodios insertos en la trama que creo que tienen gran relevancia. Uno, es una película muda en blanco y negro, que recuerda El húsar de la muerte, de Pedro Sienna. En ella, “mi general” presenta a uno de sus subalternos sus Memorias, que debe leer ahí porque no deben salir de la casa. El otro, es la presentación de “Monga” en Fantasilandia, que muestra cómo un hombre se transforma en un gorila peligroso. Sin duda, esto último es una metáfora transparente.

Y un par de detalles musicales. La película se inicia con los placenteros compases de la Sonata 1. K.279 de Mozart y concluye con “La Paloma”, cantada por Rosita Serrano, cuya voz encantaba a Adolf Hitler.

Una voz en off recita La tierra baldía (The Waste Land), de T.S. Eliot, poema que entregó una desesperanzada visión de la Europa en ruinas después de la Primera Guerra Mundial y que fue del agrado de Ezra Pound, ideólogo del fascismo y propagandista del Eje.

Como crítico cinematográfico me detengo aquí. Como periodista y filólogo puedo llegar mucho más allá. Sí me queda claro una vez más que Trasímaco tenía razón cuando afirmó que “la Justicia es la utilidad del más fuerte”, y que —en los 10 libros de la República—, el personaje Sócrates demuestra lo contrario, pero el pensamiento filosófico de Platón no pasa de ser un juego dialéctico.

(Penal Cordillera. Chile / Brasil, 2023)

TRAILER DEL FILM:
“Penal Cordillera”
 

 PRODUCCIÓN:
Storyboard Media

 

 

 

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