“BACKROOMS” — JOBLAR COMENTA ESTRENOS DE CINE

Un fenómeno multimedial, que ha desatado interrogativos y numerosas interpretaciones. Propongo la mía con la intención de contribuir al polémico debate. Tendrán, eso sí, que ver la película puesto que mi comentario es absolutamente interpretativo y contiene spoilers

 Por José Blanco Jiménez
(JOBLAR)

Círculo de Críticos de Arte de Chile

El terror que provoca un lugar desierto ha acompañado al hombre seguramente desde que vivía en las cavernas. Los filósofos se ocuparon del “vacío” ya en el período presocrático, cuando Demócrito y Leucipo (siglo V a.C.), sostuvieron que todo el universo está compuesto exclusivamente por dos elementos: los átomos (partículas indivisibles), y el vacío. Este último alude dialécticamente al concepto de “lleno” y —por lo tanto—, representa a ese espacio infinito entre los átomos que permiten su movimiento y su agregación; el vacío que permea a los átomos es lo que permite el movimiento. Para el gran Pitágoras, el vacío era una necesidad y se ponía como principio ontológico para la existencia de los entes.

Y no hay que olvidar que, en la cosmogonía griega, todo se origina en el caos (vacío ilimitado a indistinto).

Todo cambió con Aristóteles, que, con su teoría del “horror vacui” (horror al vacío), señala que la naturaleza rehúye el vacío y tiende a llenarlo continuamente. Se trata de una posición que mantuvieron —en el siglo XVII—, grandes como Galileo Galilei, Evangelista Torricelli y Blaise Pascal.

Mucho tiempo después, la indagación filosófica dará el paso a la física, que considerará el vacío como “un campo potencialmente activo” y a la materia como “una fuerza”.

En efecto, la teoría cuántica de los campos sostiene que el “vacío físico” no significa el “no ser” (como creían Parménides, Zenón de Eleas y Meliso de Samos), sino un vacío que se inserta en el proceso continuo de la creación y destrucción de la materia.

Siguiendo este “marco teórico”, es posible entender el ancestral temor de la naturaleza (humana, más precisamente), al encontrarse con espacios vacíos, pero sobre todo, con espacios abandonados, que fueron construidos y después abandonados por el hombre o —más bien—, de los que el hombre fue arrebatado. Es fácil recordar la literatura romántica y su fascinación por las ruinas en grandes autores como Ernest Hoffmann, Horace Walpole, Ugo Foscolo, Edgar Allan Poe o Víctor Hugo.

El veinteañero Kane Parsons no se sirvió ni se sirve de slasher ni de seres sobrenaturales o de necrofilia para provocar terror, sino de un plan complotista que evoca el fin del mundo: espacios abandonados con multitud de muebles arrumbados o aún funcionantes (como el árbol de Navidad), una luz de neón que zumba constantemente y se refleja en paredes pintadas de un amarillo que hiere la vista, un silencio agobiante que subraya la ausencia del tiempo, cuartos y escaleras que no llevan a parte alguna.

Después se tiene la percepción de un laberinto que se recorre como la biblioteca de Jorge Luis Borges, que no tiene principio ni fin, sino que es ilimitada y periódica.

En cuanto a escenografía, voy aún más atrás, a las primeras décadas del cine: El gabinete del Doctor Caligari (Das Kabinett des Dr. Caligari, de Robert Wiene, 1919), con su escenografía expresionista obsesionista y su remake de 43 años más tarde: The Cabinet of Dr. Caligari (de Roger Kay, 1962), sobre todo en la vertiginosa secuencia de la imposible huida hacia el final.

En los Backrooms, está excluido el ambiente externo, el ser humano desaparece y se espera una epifanía de formas de vida.

La luz no genera sombras ni matices, como en un sueño. Y ya que de sueños estoy hablando, qué mejor referencia que Alicia en el País de las Maravillas (Alice in Wonderland, novela de Lewis Carroll, 1865), llevada al cine, ya en 1903, como cortometraje, por Cecil M. Hepworth y Percy Stow y con numerosas adaptaciones a la pantalla grande y chica. Allí las aventuras terminan cuando Alicia se da cuenta que está durmiendo y que basta con despertar; aquí Mary Kline, la terapeuta (Renate Reinsve, la Nora de Valor sentimental / Sentimental Value, de Joachim Trier, 2025), logra escapar, pero parte de ella queda en el backroom y la joven podría ser el sueño de otro. No hay que olvidar que ésa es la tesis de la otra novela de Lewis Carroll: A través del espejo y lo que Alicia encontró allí (Trough the Looking-Glass, and What Alice Found There, 1871).

En efecto, Alicia es un sueño del Rey Rojo así como el protagonista de Las ruinas circulares, de Borges, lo es de otro que lo está soñando.

Y una última referencia a otra película: Amor entre sombras (The Night Walker, de William Castle, 1964), con una Barbara Stanwyck que está a punto de enloquecer cuando no puede despertar de un sueño que se repite una vez tras otra.

No podría cerrar este análisis sin referirme a Clark, que protagoniza Chiwetel Umeadi Ejiofor, actor originario de la etnia ibo, de Biafra, en Nigeria (Londres, 10 de julio de 1977), y conocido sobre todo por Amistad (de Steven Spielberg, 1997), y por 12 años de esclavitud (12 Years a Slave, de Steve McQueen, 2013). Interpreta a un arquitecto fracasado, separado de su mujer y que trata de salir adelante con negocio de muebles, ubicado en un showroom y que publicita por la televisión disfrazado de pirata.

Por casualidad, entra en el backroom de su tienda, que resulta ser una arquitectura mental del vacío, con una puerta de entrada, pero no de salida. Como tod@s l@s que entran tienden a revertir el inconsciente en consciente, el fantasma del pirata —que es su superyó—, va a agredirlo y nada podrá hacer Mary, que va al rescate, pero tiene sus propias trancas de la niñez junto a un amuleto: un calco de su mano en cemento como recuerdo de su casa cuando fue demolida.

La película tiene la magia de evocar situaciones del pasado a todo el público, en particular relativas a aquellos lugares en que se vivió la infancia. Y esto me recuerda que Renate Reinsve ya tuvo una experiencia similar en Valor sentimental, film en el que la casa se narraba en primera persona.

Me detengo aquí. No he visto los cortos que han generado paranoia entre los internautas, pero no me cabe duda que esta joya cinematográfica marca un hito en la industria audiovisual, con un tema que atemoriza desde siempre al “homo sapiens”: la presencia de la ausencia. 

TRÁILER DEL FILM
“Backrooms”
 

 Backrooms
USA
Año: 2026

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“RADIO UNIVERSIDAD DE CHILE”

Escuche los comentarios cinematográficos de JOBLAR en el programa “Escaparate”, que se transmite en “Radio Universidad de Chile” (102.5 FM) los días sábado a las 15:00 horas, y domingo a las 21.00 horas. Y, además online, en
www.radiouchile.cl