“EL DÍA DE LA REVELACIÓN” — JOBLAR COMENTA ESTRENOS DE CINE

Nuevamente Steven Spielberg incursiona con nuevas promesas de dar a conocer revelaciones que recibió de extraterrestres y por qué el gobierno estadounidense ha tratado de evitar que lo haga. Gran expectativa y dificultad para comentar sin spoilers

 Por José Blanco Jiménez
(JOBLAR)

Círculo de Críticos de Arte de Chile

 

Dejo en claro, una vez más, que mi aporte es absolutamente falible y que —aplicando el principio de Karl Popper—, resulta válido mientras no se demuestre tal.

Steven Spielberg coloca a sus personajes en un tablero donde ineluctablemente deberán cumplir un rol con la matemática precisión del ajedrez: encontrarse, ayudarse, enfrentarse y eliminarse. Como es habitual con este gran director, Disclosure Day llegada rodeada de un intrigante halo de misterio, que captura la atención del público antes de su estreno.

No cabe duda que el genial autor de las sagas de Indiana Jones (1981) y Jurassic Park (1993), ha sabido crear también una imagen de depositario de verdades ocultas ligadas a los extraterrestres con Encuentros cercanos del tercer tipo (Close Encounters of the Third Kind, 1977), para la que reclutó al mismísimo François Truffaut, y con E.T. (E.T. the Extra-Terrestrial, 1982).

El mismo título de esta nueva producción es intrigante: ¿qué es lo que se va a revelar?

Spielberg nunca ha ocultado su origen semita, que ha sido la sustentación de su obra maestra —La lista de Schindler (Schindler’s List, 1993)—, pero también de otras como Munich (2005) y la autobiográfica Los Fabelman (The Fabelmans, 2022).

Ya el título “Revelación / Disclosure” alude al griego “Apocalypsis” y a todas las implicancias que tiene en la tradición judeo-cristiana.

En una atmósfera de colapso mundial por la crisis geopolítica en la península coreana que está presagiando un conflicto definitivo, surgen dos personajes que están destinados a encontrarse: Daniel Kellner (Josh O’Connor, La chimera, 2023), que —como analista de ciberseguridad de la misteriosa Organización WARDEX—, roba documentación secreta con el fin de darla a conocer a toda la población terrícola; y Margaret Fairchild (Emily Blunt, Oppenheimer, 2023), una lectora de informaciones climáticas que, por la aparición de una avecilla (un cardenal rojo), empieza a demostrar extraordinarias capacidades lingüísticas y de empatía conductual con las personas.

Hacen también su aparición otros personajes significativos. Jane Blankenship (Eve Hewson, Papillon, 2017), la novia de Kellner, es una ex novicia que lo ayuda en su huida y es el puente moral entre la lógica matemática de Daniel y el misticismo corporal de Margaret.

Por su parte, Hugo Wakefield (Colman Domingo, The Running Man, 2025) —ex miembro de WARDEX—, es el jefe de un grupo rebelde, que maneja tecnología extraterrestre y conoce el rol de Daniel y Margaret.

Pero el personaje más importante es Noah Scanlon (Colin Firth, El discurso del rey, 2010, irreconocible como un antagonista siniestro), que trata de impedir que el material substraído se conozca. Y ahí es donde se entra en el tema del complot. Desde el incidente de Roswell, acaecido en 1947, se ha intentado ocultar a la Humanidad la existencia de vida extraterrestre por 79 años.

Y la razón principal es que el mundo no está preparado para conocer esa realidad. Pero la verdad, que la película arguye en varias ocasiones, tiene que ver con el poder.

El que los hombres no sean los únicos habitantes del universo llevaría a hacer dudar de la existencia de Dios creador y ello provocaría una grave crisis porque disminuiría la manipulación de las masas, que ya no estarían atemorizadas con la figura de un Juez Supremo que amenaza y no perdona (como lo advierte en todo momento el Antiguo Testamento).

Todo el sistema se desmoronaría porque el conocimiento es nefasto, como lo demuestran los relatos de Adán y Eva o el de Prometeo.

La organización, con complicidad gubernamental (aparece el indispensable Nixon), ha efectuado experimentos biológicos con extraterrestres capturados y utilizado la altísima tecnología alienígena para obtener resultados inimaginables.

Desde su cuartel general, todo se monitorea y los métodos son los de una mafia corporativa. Es así como la película se convierte externamente en un film de acción, pero poco a poco, empieza a mostrar su real consistencia simbólica y filosófica.

Creo que la angustiante secuencia de la persecución en el tren será recordada por el público, pero le será más difícil internalizar el nexo que existe entre Margaret y Daniel. Ambos fueron abducidos cuando niños, pero no por seres de aspecto monstruoso, sino de hermosos animales similares a los de los cuentos de hadas. De ellos, el niño recibió el poder de entender las matemáticas del universo; la niña, la capacidad ilimitada de conocer y de expresarse en lenguas.

Nada está dejado al azar. Daniel se llama como el profeta del Antiguo Testamento elegido por Dios para interpretar sueños y escritos misteriosos, como el “Mene, Mene, Tekel, Uparsin” destinado al rey Baltasar.

Ahora se encarga de traducir un misterio cosmológico incomprensible para el resto del mundo, haciendo realidad las palabras de Lucas 12:2: “Porque nada hay encubierto, que no haya de ser manifestado; ni oculto, que no haya de saberse”.

De ese modo, llega a ser el profeta (traducción del hebreo nabí = portavoz), que anuncia que el conocimiento cósmico pertenece a la Humanidad y no a una élite gobernante.

Esa revelación masiva llevará al orden y no al caos, evitando la Tercera Guerra Mundial.

Por su parte, Margaret representa el vehículo físico y espiritual que manifiesta el milagro a través del don de lenguas (la glosolalia de Pentecostés, que se opone a la confusión babélica) y su función de meteoróloga televisiva recuerda el reproche de Mateo 16:2-3, cuando Jesús sentencia que algunos predicen el aspecto del clima y son incapaces de “discernir las señales de los tiempos”. Al final, está ligada a la sanación espiritual a través de la empatía cristiana.

Se me vino a la mente la excelente película La llegada (Arrival, de Denis Villeneuve, 2016, con Amy Adams y Jeremy Renner), que planteaba el contacto que se establece con visitantes alienígenas, considerados hostiles, pero que gracias a una lingüista y un físico logran comunicar un mensaje. Pero allí no contaban las instancias teológicas que, en cambio aquí, se expresan a través de Jane, que es —como ya dije—, un puente de enlace entre la lógica matemática de Daniel (la Razón) y el misticismo corporal de Margaret (la Fe), que no es una enfermedad sino una “epifanía”, la manifestación de un misterio superior.

Para Jane, con prudencia se debe evitar el colapso absoluto que provocaría la fragilidad humana ante un cambio tan drástico: la hermana Laura tiene razón al decir que “Dios ha hecho del hombre el señor de la Tierra, pero no del entero universo”.

Me detengo aquí. En el lenguaje bíblico, el imperativo “¡Escuchen!” (traducción del hebreo Shemá), da inicio a la oración más sagrada del judaísmo, en Deuteronomio 6:4: “Escucha, oh Israel: El Señor nuestro Dios, el Señor uno es”.

TRÁILER DEL FILM:
“El Día de la Revelación”

 Disclosure Day
USA
Año: 2026

 

 

 

 

 

 

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